El elefante en peligro de extinción conocido como Yongki, que habitaba en el Parque Nacional Bukit Barisan, en la isla de Sumatra, Indonesia, fue encontrado muerto. Según los expertos, el famoso animal, símbolo de Indonesia, ha sido envenenado. También le cortaron sus colmillos de 3 metros.  

La noticia acompañada con la foto del cadáver del elefante de más de tres toneladas fue publicada en la Red con el ‘hashtag’ #RIPYongki (Descansa en Paz Yongki). El hecho conmovió a la sociedad y reabrió el debate sobre la necesidad de la protección de los elefantes que caen víctimas de cazadores furtivos, informa ‘The Washington Post’.   

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Menos de 2000 elefantes en Sumatra

El elefante fue hallado el pasado viernes, dos meses después que el dentista estadounidense Walter Palmer disparó y mató a el león Cecil. Y al igual que la desaparición del gran gato de Zimbabwe, la muerte de Yongki promete agitar la ira generalizada y la crítica.

El hashtag #RIPYongki se posicionó como tendencia en Twitter en Indonesia en la mañana del martes, al igual que las espantosas fotos del cadáver del elefante. Los funcionarios del parque dijeron a The Washington Post que estaban «muy tristes» por el incidente y han puesto en marcha una investigación. La muerte de Yongki es un duro golpe para Indonesia y el mundo. Los Elefantes de Sumatra (una de cuatro especies de elefantes asiáticos) son poco frecuentes, hay menos de 2000 con vida, según el Fondo Mundial para la Naturaleza.

Sumatra, una gran isla en el oeste del archipiélago indonesio, ha luchado para proteger a los animales. La caza furtiva ha reducido la población de paquidermos de la isla en la última década. El año pasado fue especialmente sangriento, con al menos 45 elefantes asesinados; un aumento del 55% respecto de 2013.

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Guerrero ecológico

Pero Yongki no era sólo un elefante en peligro de extinción. También fue un guardaparques. Había sido domesticado y pasó gran parte de sus 35 años al lado de seres humanos, según AFP. Junto con los mahouts (un término usado en todo el sur y sureste de Asia para los jinetes de elefantes) Yongki era un miembro de la Unidad de Intervención de Conservación, o UIC, que trató de proteger el hábitat natural.

Todos los días, Yongki y sus compañeros humanos salían a patrullar las densas selvas del sur de Sumatra. Con un mahout sobre su espalda, recorrían penosamente caminos demasiado peligrosos para cualquier vehículo automotor en la búsqueda de los cazadores furtivos de marfil, madereros ilegales o agricultores que invaden zonas verdes protegidas. Además Yongki tenía otro deber: servir de enlace entre las especies.

Los guardaparques de Sumatra utilizan elefantes domesticados como Yongki para dirigir a los elefantes salvajes de nuevo a la selva, evitando enfrentamientos entre paquidermos y los agricultores que han sabido tomar venganza de los animales.

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Cada vez más frecuente

«Estamos de luto por la [pérdida] de un elefante que nos ayudó en el manejo de conflictos y a patrullar el bosque, él era un buen elefante», dijo a la AFP el Sr. Nazaruddin, quien es director del Foro Mahout de Indonesia.

El envenenamiento de elefantes es cada vez más común en Sumatra, un país en el que los cazadores furtivos pueden ganarse el salario de un año con un puñado de colmillos. Muchos lugareños también ven a los animales como plagas. El año pasado, siete elefantes fueron encontrados muertos por sospecha de envenenamiento en un solo día, según informa The Guardian.

La muerte de Yongki es un revés para Sumatra. En febrero, la policía en el norte de la isla celebró un gran éxito, la captura de ocho presuntos traficantes de marfil entre los que se encontraban cinco cazadores furtivos que admitieron haber matado a cuatro elefantes.

Fuente: RT, http://www.washingtonpost.com, Agencias

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