Pese a su nombre, mezcla del castellano con quechua cuyo significado es “fiesta de sangre”, Yawar Fiesta no es sangrienta, no se lastima, y aún menos se mata, a ninguno de los toros o cóndores que participan en ella.

Cada animal pasa unos cinco minutos en la plaza, con los “comuneros” tratando de provocarlo, a menudo sin éxito, antes de ser regresado al corral. Al final, sale el toro con el cóndor amarrado por las patas por unas sogas que pasan debajo de unos cortes entre las costillas del toro, que también regresa al corral después de unos breves momentos de adrenalina en la plaza.

Desamarrado del toro, el cóndor será liberado en un par de días, tras alimentarse. Será lanzado desde un barranco y así devuelto a su hábitat.

El problema

Después de un largo declive histórico, esta tradición está de nuevo en auge. Cada vez hay más fiestas, a menudo auspiciadas por migrantes exitosos en Lima quienes compiten para patrocinar un evento en su tierra natal. Actualmente, se sabe de la existencia de 37 de estas fiestas en el Perú, algunas de los cuales se aprovechan de hasta cuatro cóndores.

Según Rob Williams, el director británico de la Sociedad Zoológica de Frankfort en el Perú, uno de los grupos conservacionistas más antiguos del mundo, en declaraciones al Diario El País, quedan apenas unos 500 cóndores silvestres en todo el país, y aún quedan menos en Bolivia. “Si no resolvemos rápidamente esta situación, la siguiente generación de cóndores nacidos en el Perú podría ser la última,” advierte Rob Williams.

En la raíz del problema está la eficiencia de la sociedad moderna en quitar la carroña del hábitat del cóndor. Hoy en día, cuando muere un animal en la sierra, a menudo recogen el cadáver con una camioneta y lo llevan a la ciudad, donde entra en la cadena alimenticia humana. Por otra parte, las playas del Pacífico, donde los cóndores suelen bajar para comer los restos de peces, delfines, lobos del mar y hasta ballenas, ya están tan transitadas que los enormes carroñeros no pueden almorzar en paz.

Pero quizá lo peor es el tráfico abierto de plumas, huesos y otras partes de esta majestuosa ave en el mercado turístico. Productos elaborados con los restos de cóndores se venden por todo el Valle Sagrado, en clara violación de varios tratados internacionales vinculantes firmados por el Perú, como el Convenio sobre la Diversidad Biológica del ONU.

Fragilidad

El cóndor es particularmente sensible a estas amenazas. Alcanza la madurez sexual alrededor de los 12 años y las parejas crían un solo polluelo cada tres años. De estos, la mitad mueren antes de llegar a la edad adulta. Paralelamente, tampoco es factible crear reservas protegidas para la especie, que es capaz de volar cientos de kilómetros sin parar.

La misma festividad, aunque no originó la crisis demográfica del cóndor, sí la puede estar agudizando. Aunque las aves normalmente son liberadas después de la actividad el investigador citado por El País, se preocupa de que estas quedan a menudo tan traumatizadas que ya no logran sobrevivir.

Rob Williams quiere aprovechar la popularidad del Yawar Fiesta, usualmente interpretada como una reconstrucción simbólica de la lucha entre la cultura andina y la española, para lanzar una campaña nacional de concientización sobre la suerte del cóndor.

Fuente: Simeon Tegel / Diario El País

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