Daño colateral: los efectos secundarios de las soluciones parciales.

Al intentar reducir el crecimiento del Lago se volvió a desviar el río Cabriales, así como el Maruria, retornándolo a su cuenca de origen, hacia el río Pao, bajo el supuesto que ya sus aguas no son tan contaminadas, porque las cloacas urbanas han sido captadas por colectores marginales y tratadas en plantas depuradoras de Carabobo (Los Guayos y La Mariposa).

Pero esto ha contribuido a la contaminación de los embalses que surten al acueducto, lo que unido a la sobrecarga de sus plantas potabilizadoras, diseñadas para aguas de mejor calidad y menor cantidad, hace que sea ineficiente la potabilización, afectando la calidad del servicio. Aunque la empresa hidrológica local y altos funcionarios del Ministerio del Ambiente lo nieguen reiteradamente, el agua potable no siempre tiene la calidad deseada.

Adicionalmente a ello, el trasvase de agua del Lago, en calidades que evidencian contaminación residual, ha diseminado esa contaminación hacia las cuencas del Pao y del Guárico, tributarias del Orinoco y, coincidencialmente, contaminando embalses (Camatagua y Calabozo) que surten de agua a otras poblaciones, aumentando el costo de potabilización. Pero, lamentablemente, aún con estas costosas soluciones parciales no se resuelve el problema de crecimiento del Lago.

La guerra entre el uso urbano y uso agrícola por los terrenos disponibles.

Paralelamente, la creciente población en la región demanda cada vez más tierras para nuevos urbanismos, propiciado por nuevas invasiones de “rancho-traficantes” y nuevas urbanizaciones con inversión pública y privada, respuesta urbana insostenible para atender una población que se duplica en menos de cuarenta años, frente a la mirada cómplice de políticos y sacerdotes; pero el espacio disponible para ese crecimiento urbano en Maracay no existe, pues está limitado al norte por las altas pendientes de la Cordillera Litoral, hoy Parque Nacional Henri Pittier, y por el sur con el Lago.

La falta de terrenos urbanos y agrícolas se agravó con la crecida del Lago, por lo que se ha elevado el precio de la tierra urbana y de los terrenos vecinos urbanizables.

Por otra parte, de las tierras de mejor calidad para la producción alimentaria del país, que representan apenas el dos por ciento (2%) de la superficie terrestre nacional, más de la mitad (56%) de ese dos por ciento (2%), se ubican en la planicie aluvional de la cuenca del Lago y han sido afectadas por la subida del nivel, lo que también representa su pérdida irreversible y un costo muy alto que se suman a las pérdidas de las tierras en los Valles de Aragua que se vienen dando.

En otras palabras, la crecida del nivel del Lago ha creado pérdidas económicas de espacios urbanos y de terrenos agro productivos, pero también las obras ejecutadas para intentar resolver el problema han sido sumamente costosas pero ineficaces para dar la solución definitiva.


¿Varias obras que no sirvan ó una sola que resuelva el problema?

Si bien el Estado realizó un estudio factibilidad de las diversas alternativas para resolver el problema (año 1995), lamentablemente estuvieron sesgadas a soluciones parciales que implicaban altos costos de ejecución y operación para atender los efectos del problema, pero que no hacían nada contra sus causas: Ni abordan el incontrolado crecimiento poblacional ni resuelven el balance hídrico. Se han acometido soluciones parciales que implican trasvases hacia diversas cuencas, en las que los cálculos de su incidencia en el balance hídrico positivo no han dado respuesta, ni se perfila que pueda darla en un mediano plazo.

Podemos seguir jugando a soñar una solución ideal, en la que se resuelve de una vez por todas la separación de colectores cloacales de los sistemas de drenaje urbano con costosas inversiones; en los que una alta inversión en plantas depuradoras tratan las cloacas de cada sector y las vierten como aguas limpias a los cauces naturales, recuperándose estos como corrientes limpias desde las zonas urbanas hasta el Lago; que por sistemas de bombeo, de costosa construcción y operación, podemos evacuar excedentes de aguas limpias hacia otras cuencas, que alimentarán los sistemas de riego y embalses para consumo humano e importancia ecológica; todo articulado por un plan de desarrollo integral para la región. Pero esta no es la realidad que tenemos.


Pero ninguna solución ideal puede ser viable ante la realidad de nuestras condiciones económicas y socio-culturales. Conociendo nuestra ausencia de visión y planificación del desarrollo, el crecimiento familiar y urbano incontrolado, la actual y prospectiva situación económica, energética y ambiental global, y la inexistente cultura de conservar obras públicas en forma preventiva, sino correctiva; es concluyente que ninguna de las soluciones iniciadas por los diversos gobiernos para atender estos problemas serán efectivas en el corto plazo, mientras que las soluciones idealistas comentadas ni son viables y, aún intentando ejecutarlas, no serían sostenibles en el tiempo.

Fuente: Edwards Castillo, Revista “Mundo Sobrepoblado”. Año 2011 / Fotos: www.avimont.com / Agencias
Editores: Carlos Bordón y Aitor Achutegui
www.mundosobrepoblado.org

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