Muchos de los problemas ambientales del presente están relacionados con la fragmentación de hábitats: pérdida de individuos, reducción de poblaciones, desaparición de ecosistemas. Una forma relativamente fácil de enfrentar esa degradación es uniéndolos nuevamente a través de la creación de corredores ecológicos, es decir, vías que permitan el intercambio biológico entre dos o más lugares.

“La idea es promover la creación de figuras de protección fluvial o acuática conectadas con las áreas protegidas, ya que estas tienen un papel fundamental en la conservación de los recursos hidrobiológicos continentales”, explicó el profesor de la Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado” (Ucla) del estado Lara, Douglas Rodríguez Olarte, coordinador del curso Biogeografía, ecología, integridad y conservación de la ictiofauna continental, organizado por el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic) y la Ucla.

 photo Recoleccion de muestras en rio Cata. Foto Josefa Celsa Senaris Cortesia Ivic.jpg

Dichos corredores ecológicos serían de gran utilidad en el sur de Venezuela, donde diferentes Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae) han sido instauradas para salvaguardar grandes sistemas de drenaje, “pero también al norte, donde la depauperación de los ríos es mayor, extensa y con efectos nocivos para la ictiofauna. Su efecto sería casi inmediato en las zonas más bajas, pues ellas albergan la mayor variedad de peces de agua dulce”, aclaró Rodríguez.

Materializar cualquier propuesta de mejoramiento del estado de conservación de los peces de agua dulce y sus hábitats -entre ellas los corredores ecológicos-, requiere el concierto de numerosas instituciones públicas y privadas, aunque la responsabilidad final recaiga en manos del Estado. “Posiblemente tengamos el cuerpo legal más completo de cualquier país; sin embargo, hay debilidades en su cumplimiento y aplicación”, informó el profesor del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y uno de los facilitadores del curso, Antonio Machado Allison.

A su juicio, el ambiente acuático continental debe ser protegido integralmente; entre otras cosas, eliminando la contaminación industrial, agrícola, doméstica y minera que ocasiona la deforestación de las cabeceras de ríos y lagos donde estos vertebrados habitan, crecen y se desarrollan.

 photo Diversas especies fueron identificadas. Foto Josefa Celsa Senaris Cortesia Ivic.jpg

Realidad preocupante

En la Lista Roja de la Fauna Venezolana 2015 se incluyeron 90 especies de peces óseos de agua dulce en alguna categoría de peligro, equivalente al 4% de las 915 especies que conforman el estudio. Concretamente, 2 en Peligro Crítico, 23 En Peligro y 21 Vulnerables, siguiendo las categorías de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (Uicn).

No obstante, esas 46 especies pudieran esconder un panorama más desalentador, “porque a veces la distribución es restringida a una única cuenca hidrográfica (como la vertiente Caribe) y si esa cuenca se encuentra empobrecida, el efecto nocivo alcanza a toda la ictiofauna”, alertó Douglas Rodríguez Olarte, director del Museo de Ciencias Naturales de la UCLA.

sequiaenvenezuela

Así, el corroncho desnudo del Lago de Valencia, Lithogenes valencia, se encuentra extinto, mientras que el pez más amenazado es el corroncho del Tuy Cordylancistrus nephelion, endémico de la cuenca del río Tuy. “Los peces son indicadores del estado de salud de su hábitat y de la misma cuenca. Ríos sometidos a fuertes perturbaciones, con pérdida de bosque ribereño e incremento de sedimentos, tienen ictiofaunas depauperadas, baja riqueza de especies y predominio de grupos tolerantes”, aseguró Rodríguez.

El experto precisó que la distribución de los peces de agua dulce en el territorio venezolano se asocia con los drenajes de los ríos Amazonas, Orinoco y Magdalena, hace miles de años. El desplazamiento del cauce del río Orinoco a lo largo del país propició la evolución de la ictiofauna en distintas regiones, siendo la cuenca del Lago de Maracaibo “un caso extraordinario, debido al aislamiento geográfico que facilitó procesos de especiación y extinción, los cuales devinieron en una elevadísima proporción de especies endémicas”, indicó el docente de la Ucla.

Inicios de una especialidad

Las referencias más antiguas sobre los peces venezolanos se hallan en las crónicas de Indias, pero fue con Alejandro de Humboldt y su libro Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente, con quien se dieron a conocer formalmente los registros de peces, “especialmente lo referido al ‘temblador’ y los agresivos ‘caribes’ o ‘pirañas’. Los estudios rigurosos comienzan a mediados del siglo pasado con las contribuciones de Leonard Schultz y Francisco Mago-Leccia, este último considerado el padre de la ictiología continental venezolana”, explicó el profesor de la UCV, Antonio Machado Allison.

De acuerdo con Machado, los primeros laboratorios nacionales y colecciones de ictiología de Latinoamérica fueron inaugurados en Venezuela, Brasil y Argentina. “Los estudios en nuestro país fueron de gran importancia y crearon escuela a nivel regional, de eso podemos sentirnos muy orgullosos”, manifestó.

A pesar de los logros obtenidos, la formación de talento humano y la investigación son factores a reforzar. “Todavía hay mucho por conocer y esto es crucial para garantizar el uso sostenible del recurso y su conservación para las generaciones futuras”, aseveró el individuo de número de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela.

 photo Bagre clineja Loricariichthys brunneus. Foto Josefa Celsa Senaris Cortesia Ivic.jpg

Dejando huellas

El curso especial Biogeografía, ecología, integridad y conservación de la ictiofauna continental tuvo una duración de 70 horas académica y fue avalado por el Centro de Estudio Avanzados del Ivic. Además, contó con el apoyo de Ricardo Sneider, presidente del Grupo de Especialistas en Peces de Agua Dulce de la Comisión para la Supervivencia de las Especies de la Uicn; y Jon Paul Rodríguez, investigador del Ivic y presidente de la asociación civil Provita.

Las clases teóricas fueron dictadas en el Centro de Ecología del Ivic, mientras que las sesiones prácticas se realizaron en Bahía de Cata (Aragua) y Hato Santa Luisa (Apure), indicó Haidy Rojas, bióloga de la Unidad de Diversidad Biológica del Ivic y co-coordinadora del curso.

DêA MUNDIAL DEL AGUA

Un total de 15 profesionales, técnicos y estudiantes de diferentes instituciones, así como 12 facilitadores multidisciplinarios, participaron en la actividad, cuya finalidad fue impulsar un Programa Permanente de Formación en Técnicas de Muestreo y Levantamiento de Datos de Campo, Manejos de Colecciones Biológicos y Gestión de la Información.

“Queremos incentivar aquellos temas que no se dan de manera formal en las universidades, pero sin competir con las materias regulares sino complementando esa formación”, señaló Rojas. Para las salidas de campo fue imprescindible el apoyo de las comunidades. “Nos acompañaron baquianos que conocían el sitio a profundidad. La información local es importantísima, sobre todo si no has ido antes al lugar”, añadió.

De allí la necesidad de cooperar con los pobladores en el manejo adecuado de los recursos hidrobiológicos fluviales, en cuanto a su control, aprovechamiento y conservación, tal y como sugirió Machado. La continuidad de la vida pudiera depender de ellos.

Fuente: Vanessa Ortiz Piñango / Prensa IVIC

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