Así como una mujer puede recurrir a un donante voluntario para ser madre por inseminación artificial, los productores agrícolas pudieran acudir a un banco de germoplasma con el fin de escoger la semilla o el tejido más idóneo para propagar una especie vegetal estratégica para Venezuela: el cocuy (Agave cocui), con el cual se fabrica la reconocida bebida “cocuy de penca” y otros derivados artesanales.

Llevar a la práctica la creación de un banco de germoplasma para el cocuy es perfectamente factible y necesario, según el investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Jafet M. Nassar, experto en el estudio de ambientes secos y áridos donde habita A. cocui.

 photo En campo con un individuo en fase de produccion de bulbilos. Foto Cortesia Jose Antonio Gonzalez.jpg

En ese espacio se almacena la información genética de ciertos organismos vegetales, que por interés comercial o fines conservacionistas requieren ser mantenidos a bajas temperaturas por largos períodos de tiempo. “El Estado, en asociación con agricultores, genetistas y expertos en el diseño y mantenimiento de bancos de germoplasma, pudiera desarrollar el proyecto para tener clasificadas y protegidas todas las variantes existentes de A. cocui en el país y obtener así cultivos con las mejores características”, indicó Nassar.

Por ejemplo, si la intención es producir licor, se seleccionarían las plantas con la mayor concentración de azúcares por unidad de biomasa vegetal -en forma de savia o jugo muy dulce- indispensables para la fermentación o elaboración del alcohol. Si, por el contrario, el interés es aprovechar sus fibras naturales para la fabricación de cestas y chinchorros, se seleccionarían aquellos individuos ricos en fibras y con menor capacidad de almacenamiento de agua. Adicionalmente, pudieran seleccionarse individuos ricos en saponinas, si el interés es la producción de esteroides para la industria farmacéutica.

 photo Carmen Julia Figueredo en invernadero con plantulas de A. cocui. Foto Cortesia Jafet Nassar.jpg

¿Por dónde empezar?

En vista de que A. cocui tiene potencial para ser aprovechada, manejada y cultivada como la papa, repollo, zanahoria, maíz y trigo, “podemos domesticarla y seleccionar las variedades más productivas. Una roseta gigante rinde para un litro de cocuy de penca; entonces, mientras más desarrolles el tamaño, más producto por biomasa puedes alcanzar”, aseguró.

El primer paso para crear un banco de germoplasma para A. cocui es conocer la magnitud de la variabilidad genética presente en las diferentes poblaciones de la especie en el país; esta medida se refiere al número de variantes alélicas y frecuencia de las mismas. También es importante estimar el grado de diferenciación entre las poblaciones, porque de esta manera podemos identificar el conjunto mínimo de poblaciones que debemos proteger. Conociendo dichas variables podemos tener una idea de su estado de conservación.

De acuerdo con Nassar, la variabilidad genética “es una información estratégica para cualquier especie vegetal que quisiéramos aprovechar”, precisó el también director del Centro Internacional de Ecología Tropical (Ciet), establecido en el Ivic por iniciativa de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

 photo Agave cocui en su habitat. Foto Cortesia Jafet Nassar.jpg

El cocuy pertenece a la familia Asparagaceae y es bastante común en el occidente de Colombia y norte de Venezuela, llegando a algunos enclaves secos de Los Andes. Además de emplearse para preparar bebidas alcohólicas, por cientos de años ha sido fuente de alimentación, medicina, forraje del ganado y fibra (dispopo) para diseñar chinchorros, calzados, bolsos, cuerdas y otras artesanías.

Una investigación publicada en Journal of Heredity por Carmen Julia Figueredo y Nassar, mostró que las principales regiones áridas y semiáridas venezolanas en las cuales habita el cocuy se encuentran en los estados Táchira (La Grita), Mérida (El Anís), Falcón (Santa Cruz de Pecaya), Lara (San Pablo); Carabobo (La Mona), Aragua (La Victoria) y Anzoátegui (Boca de Uchire).

Hasta el 2011, solo en Santa Cruz de Pecaya se habían llegado a extraer casi 40.000 rosetas por año, sin el debido reemplazo de la cobertura vegetal por nuevos individuos. Aunado a esta evidente sobrexplotación, la especie posee bajos niveles de variabilidad genética, valor que suele disminuir en poblaciones silvestres con distribución restringida y asociadas a la actividad humana.

“Por varias décadas, se cosechaban las rosetas y nunca volvían a sembrar. Recientemente comenzaron a hacerlo porque se dieron cuenta de que se les estaba acabando la materia prima de producción. ¿Cómo es sostenible ese proceso? Aquí es cuando la participación del ecólogo resulta fundamental”, afirmó Nassar.

 photo Foto Cortesia Carmen Julia Figueredo.jpg

Recuperación colectiva

Además de crecer espontáneamente sin la ayuda de fertilizantes, A. cocui está protegida naturalmente contra plagas y otras amenazas naturales. Su biología le permite reproducirse de dos maneras: sexualmente -liberando semillas- y después asexualmente -generando hijos vegetativos (bulbilos) idénticos a la madre, es decir, clones.

Lamentablemente, el cosechador corta las rosetas antes de completar la primera fase (cuando los azúcares quedan retenidos en el cormo o tallo subterráneo), impidiendo la producción de semillas, “proceso que ocurre una sola vez durante la vida del individuo. Así, la planta muere antes de producir descendientes”, informó el investigador del Ivic.

Otra característica que la distingue es su autoincompatibilidad genética: los individuos de A. cocui no pueden producir semillas a partir de su propio polen; requieren de un visitante local que transporte el polen procedente de otras plantas genéticamente distintas. Si bien las flores son frecuentadas por avispas, abejas, mariposas, aves y murciélagos, estos últimos parecen ser los agentes polinizadores más efectivos. De allí que su conservación esté unida a la de esos mamíferos con alas, cuya dieta está conformada por flores de agave y cardones.

Los registros más elevados de variabilidad genética encontrados para el cocuy en Venezuela corresponden a las poblaciones ubicadas en Boca de Uchire y El Anís, donde aparentemente no se utiliza esta especie comercialmente. Esas localidades, junto con Pecaya, La Victoria y San Pablo, serían los candidatos idóneos para conformar el banco de germoplasma.

Estos hallazgos forman parte de la tesis de Maestría en Ecología de Carmen Julia Figueredo, financiada por el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Fonacit) a través del Laboratorio de Biología de Organismos del Centro de Ecología del Ivic.

Haberla declarado Patrimonio Natural de Falcón en el año 2000 y Patrimonio Cultural Natural y Ancestral de la República Bolivariana de Venezuela en el 2005, no eximen a la especie de peligros. Tampoco libra a las comunidades que la aprovechan de su cuota de responsabilidad.

Fuente: Vanessa Ortiz Piñango / Prensa IVIC

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