La negociación multilateral contra el cambio climático tiene otra oportunidad. Después del fracaso de Copenhague hace un año, la Cumbre del Clima de Cancún acabó ayer con un acuerdo más ambicioso de lo previsible solo un día antes.

Gracias al pacto, la ONU ha hecho suyos los compromisos de limitación de emisiones de gases de efecto invernadero que los países enviaron de forma voluntaria hace un año. Esto incluye a EE UU y China y es la primera vez que tienen objetivos sobre el CO2 en Naciones Unidas. El texto contiene peticiones para endurecer los recortes anunciados y crea un Fondo Verde que en 2020 alcanzará los 100.000 millones de dólares al año para ayudar a los países en vías de desarrollo.

Después de años de batalla, Brasil y los países que cuentan con grandes extensiones forestales logran el reconocimiento de que tendrán ayuda internacional por no talar los bosques. Esos son los elementos positivos.

Mucho trabajo por delante

Aunque hay un gran “pero”. Buena parte del texto queda sujeto a que en 2011 los países decidan si quieren crear un tratado internacional vinculante o si los objetivos se quedan como voluntarios. Todo el trabajo entonces se puede perder en cualquier momento.

Tras el descalabro de Copenhague, y cuando parecía que la Convención de Naciones Unidas estaba herida de muerte, Cancún estaba llamada a ser una cita en la que los negociadores se lamieran las heridas.

Bolivia se opone

La cumbre se enfrentaba a un problema, ya que Naciones Unidas exige aprobar los textos por consenso. No puede haber nadie en contra. Sin embargo, la canciller Espinosa -en un movimiento que estaba preparado- decidió arrollar a Bolivia y sus objeciones: “La regla del consenso no significa la unanimidad.

“Este es el resultado que están esperando nuestras sociedades. Tomo nota de su posición (a Bolivia), que queda reflejada en el acta de esta reunión”, dijo la presidenta de la conferencia, la canciller mexicana Patricia Espinosa, que recibió la ovación de las delegaciones.

“Es un atentado contra las reglas de la Convención (marco sobre el cambio climático) y de la ONU”, afirmó el jefe de la delegación boliviana y embajador ante Naciones Unidas, Pablo Solón, que intervino de nuevo ante el pleno para expresar su disconformidad.

“Mi obligación que he cumplido a cabalidad ha sido escuchar a todos y cada una de las partes, incluidos los hermanos bolivianos, pero no puedo ignorar la visión, las solicitudes de 193 estados parte, así que la decisión de la conferencia ha sido tomada es un paso hacia delante por un bien colectivo”.

Solón reiteró que su país “no quiere el veto, el veto no es un mecanismo democrático. El veto se da en el Consejo de Seguridad donde se decide el futuro de la humanidad con guerras”. 
”Bolivia es un país pequeño con principios, un país que no vende su soberanía y que habla por los pueblos del mundo”, señaló.

Un mecanismo “más flexible”

Pero Kioto es el tótem de los países en desarrollo y un icono para los ecologistas. “Quieren matar Kioto y abrir la puerta a un mecanismo más flexible”, denunció el jefe de la delegación boliviana, Pablo Solón, autodenominado “portavoz de los pueblos, que hablaron en Cochabamba”, en alusión a la cumbre del clima alternativa que organizó Morales este año.

La presidencia logró el acuerdo al presentar un texto en el que se apunta a la prórroga de Kioto pero tampoco queda claro. El pacto afirma que “se deben completar los trabajos” para prorrogar Kioto “lo antes posible para que no haya una brecha entre el primer y el segundo periodo de cumplimiento”.

Espinosa pasó por encima de la negativa de Bolivia, el único país que se oponía, ya que pedía, entre otras cosas, la creación de un “tribunal internacional de justicia climática” o el reconocimiento de los derechos de la Tierra. Uno por uno, los grandes bloques fueron apoyando el acuerdo. Cuando uno de los grandes pedía la palabra se escuchaban murmullos. Y aplausos de alivio conforme fueron respaldando el texto China, Japón, los países africanos, los menos desarrollados, los Estados insulares amenazados por la subida del nivel mar.

El jefe de la delegación de EE UU, Todd Stern, dio su apoyo de forma concisa: “Sellemos este pacto y pongamos al mundo en el camino hacia un futuro más sostenible y de bajas emisiones”. Los aplausos sonaron especialmente relevantes, ya que hace unos solo tres años, en Bali-2007, la delegación enviada por Bush fue pitada y abucheada.

Acuerdo a toda costa

La presidencia mexicana ha conseguido dividir al bloque bolivariano. Bolivia se quedó sola. Cuando ya estaba el texto aprobado, Venezuela, pidió la palabra. “Si bien el nivel de ambición logrado no es el satisfactorio para todas las partes, yo puedo regresar a mi casa diciendo: tengo algo”. De esta manera el planteamiento hecho en Cochabamba en la cumbre de los pueblos se terminó de desvanecer.

“Por primera vez aparecen objetivos de emisiones para EE UU, China y Brasil en Naciones Unidas”, saludó la secretaria de Estado española de Cambio Climático, Teresa Ribera. La UE ha intentado recobrar parte del protagonismo perdido en Copenhague. Pero al ser el bloque más ambicioso y el que más cede para lograr acuerdos, su importancia en la negociación queda diluida: las partes creen que siempre pueden contar con la UE.

La alegría del momento empequeñecía los agujeros del acuerdo. Los compromisos de reducción de emisiones recogidos solo suponen el 60% de lo que el IPCC considera necesario para limitar la subida de la temperatura. Y si ha sido difícil lograr este acuerdo, ampliarlo y plasmarlo en algún texto jurídico parece una tarea titánica. Japón ha pospuesto durante un año su negativa a prorrogar Kioto pero eso no implica que en Durban vaya a ceder. Al menos habrá un Durban.

Ganadores y perdedores

Naciones Unidas respira:

Tras el fiasco de Copenhague los países estuvieron a punto de abandonar la negociación del clima en la ONU. La dimisión de Yvo de Boer agravó el asunto. Cancún ha recuperado el proceso, un alivio para Ban Ki-moon.

México crece:

El país anfitrión ha dedicado un año a salvar las diferencias entre ricos y pobres. El presidente, Felipe Calderón, se ha multiplicado en Cancún y la canciller mexicana, Patricia Espinosa, ha sido unánimemente reconocida por su gestión.

Gana EE UU:

Obama ha conseguido incluir compromisos de reducción de emisiones de EE UU y hacerlo en el mismo listado que China. Además, podrá consultar las emisiones chinas.

Pierde Bolivia:

Evo Morales se quedó solo. Ni Venezuela le apoyó en su intento por boicotear la cumbre. Planteaba crear un tribunal internacional de justicia climática y reconocer los derechos de la Tierra.

Fuentes: Diario El País, EFE, AP, Reuters,

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