Este jueves se celebró el Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía. Hoy, Abdhula Doudia volverá a mirar al cielo para comprobar si las nubes, por fin, han tapado a Aranga, nombre con el que llaman al sol en Termel, una aldea perdida en la región de Guéra (República del Chad en el corazón de Africa). “Este año es temible, mucho peor que los otros”, comenta Doudia. A sus 70 años, sabe cuando se avecina una catástrofe: en 2005, tuvo que enterrar a cuatro hijos por el cólera. Sobrevivieron tres, los mismos que llevan meses sin dejarle conciliar el sueño. No sabe cuál va a ser su futuro si se mantiene la sequía.

Palabras similares se pronuncian en Balaje, una aldea de 4.500 habitantes cercana a Mongo, la ciudad más importante de Guéra. Allí, Asyl Shavi, presidente del Comité de Desarrollo del Pueblo, lamenta que desde abril, rara es la familia que no está teniendo problemas con la falta de agua y comida. Para tener algo que beber deben caminar cinco kilómetros. Si el agua es para que no se mueran de sed los animales, 20 km.

La situación no cambia en Am Dam, región de Dar Sila. “Llevamos dos años seguidos con malas cosechas. El año pasado estuvimos mal. Este, peor”, narra Hekarmbái Kamdoh, el prefecto de la zona. Con apenas 369 hectolitros recogidos en el último año, la población no ha tenido otro remedio que acostumbrase a las consecuencias de la falta de lluvia y la degradación de los campos.

Hambruna en ciernes

“El clima ha cambiado. Hace más calor. Si miras a los árboles, verás que no hay hojas. Incluso los animales bajan antes para comerse la hierba. Incluso el río se ha secado. Llevamos 12 ó 13 años malos”, lamenta. Según los datos barajados por la ONG Oxfam Internacional (Intermón Oxfam en España) dos millones de personas podrían sufrir hambruna este año en Chad. Las zonas más afectadas coinciden con la franja del Sahel.

Son apenas tres ejemplos de los que acaban conformando los gigantescos datos estadísticos presentados por el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, en su mensaje para el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Durante los últimos 40 años casi un tercio de las tierras cultivables del mundo han dejado de ser productivas. Más de mil millones de personas viven en las zonas áridas del planeta. Casi las tres cuartas partes de las zonas de pastoreo muestran ya síntomas de desertificación.

El cambio climático acelera la sequía

El secretario general de la ONU considera que “la vulnerabilidad humana, ecológica y social van unidas con singular intensidad y simetría en las zonas áridas del planeta”, y apunta que el cambio climático “no hará más que agudizar todas esas presiones”. Ban considera que las tierras áridas “son zonas de enorme productividad y diversidad biológica”. Por eso, en el 2010, Año Internacional de la Diversidad Biológica, la ONU recuerda que el 30% de los cultivos que crecen y se consumen en todos los rincones del mundo proceden de ellas.

“Reafirmemos nuestro compromiso en la lucha contra la desertificación y la degradación de las tierras y en la mitigación de los efectos de la sequía, y reconozcamos que cuidar de nuestros suelos equivale a cuidar de la vida en la Tierra”, concluyó el mandatario. Mientras, en el Chad, continúan esperando a que el mes de junio llegue a su fin y comience la temporada de lluvias en la banda del Sahel, entre julio y septiembre.

Fuente: Diario El Mundo

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