[dropcap]E[/dropcap]l tráfico ilegal de especies es, según datos de las Naciones Unidas, el tercer crimen organizado a escala mundial que más volumen de negocio genera, con unas cifras entre los 18.000 y 26.000 millones de dólares anuales.

Tailandia, uno de los destinos turísticos más atractivos del Sudeste Asiático, posee el dudoso reconocimiento de ser el principal mercado mundial de venta de productos hechos con «marfil de sangre», denuncian las organizaciones ecologistas.

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Regulación permisiva

El creciente mercado asiático, unido a la tradición tailandesa de la talla de marfil, facilitada por las lagunas legales en el comercio de este material, convierten a Tailandia en un «paraíso para el contrabando» de colmillos de elefantes africanos obtenidos por los cazadores furtivos en la región de África Central.

[quote]»Tailandia posee una regulación propia por la cual se permite vender productos fabricados con marfil siempre que la materia prima provenga de animales autóctonos. Unas leyes de las que sacan provecho los traficantes para introducir su propio material», explica a la agencia EFE Nick Cox, responsable del programa para especies en el área del Mekong del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). «Es imposible (aquí) diferenciar un trozo de marfil legal que proviene de un elefante local de uno importado ilegalmente desde África. La única solución es prohibir toda la venta», aclara el miembro de WWF. [/quote]

WWF entregó hace pocos días a la primera ministra tailandesa, Yingluck Shinawatra, 500.000 firmas que pedían a Tailandia que anuncie durante la conferencia de la CITES la prohibición del comercio de marfil.

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Medidas más estrictas

La ONG defensora de los animales también ha solicitado públicamente a los 177 países miembros de la CITES que se impongan sanciones «a los países cómplices con el mercado ilegal de marfil», principalmente Nigeria y la República Democrática del Congo por su papel de exportador, y a Tailandia como importador.

Por su parte, las autoridades tailandesas se comprometieron recientemente a garantizar el cumplimiento estricto de las leyes que rigen el comercio de marfil y a aumentar los controles en las más de 300 empresas que se dedican a la producción, procesamiento y comercio de este material en Tailandia.

«Si una tienda incumple las normas, se emitirá una advertencia la primera vez o, tal vez, la segunda vez. Pero si reincide, pediremos al Ministerio de Comercio la cancelación de licencia», dijo el director del Departamento de Parques Nacionales, Vida Silvestre y Conservación en Tailandia, Theerapat Prayurasiddhi.

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Consumo sangriento

Además del mercado exterior, donde China es el principal demandante, figuras y recuerdos tallados en marfil se pueden comprar sin problemas en los mercadillos de las ciudades más turísticas de Tailandia.

«Muchos turistas extranjeros quedarían horrorizados al saber que las baratijas de marfil que se exhiben en las tiendas pueden provenir de elefantes masacrados en África», destacó Elisabeth McLellan, directora del Programa Global de Especies de WWF.

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Unos 600.000 elefantes sobreviven en África gracias a los programas de protección, una cifra escasa comparada con los millones de ellos que había en la década de 1960, pero significativa si se tiene en cuenta que es el animal más deseado por los cazadores furtivos por su preciado marfil.

Según los datos de WWF, el tráfico de marfil internacional ha llegado al nivel más alto de la historia y superó las 40.000 toneladas en 2012, una cantidad que costó las vidas de unos 30.000 elefantes.

Fuente: EFE, Agencias

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