¿Es posible capturar el CO2 que emite la industria e inyectarlo en yacimientos geológicos profundos para que no salga jamás?. Puede sonar a ciencia-ficción, pero la tecnología para la captura, transporte y almacenamiento de CO2 (CAC) -el principal gas responsable del cambio climático- ya se está desarrollando y la unión europea está impulsando la finalización del sistema para que esté lista su aplicación en el 2020

Los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) indican que en el año 2010 se batió un nuevo récord de emisiones en el mundo, con 30.600 millones de toneladas. Un escenario que aleja el objetivo de mantener la subida de la temperatura en dos grados.

Reducción de un 90%

El método supone capturar el gas en las plantas industriales que más CO2 producen, transportarlo hasta la zona de almacenamiento con tuberías similares a las del gas o camiones cisterna, comprimirlo e inyectarlo en el almacén seleccionado. Su aplicación reduciría en un 90% las emisiones.

«Las industrias que puedan tener interés deben emitir como mínimo 100.000 toneladas al año», calcula el grupo de trabajo de captura de CO2 del Instituto Geológico Minero en España, coordinado por Miguel Ángel Zapatero. Existen experiencias en el mundo de aplicación de esta tecnología, pero de las tres partes por separado. El reto es hacerlas funcionar al mismo tiempo.

Para los ecologistas, este procedimiento no es más que una excusa para seguir quemando carbón y combustibles fósiles. «Toda esa inversión podría destinarse a cambiar esas plantas contaminantes por renovables», concluye José Luis García, de Greenpeace. Los defensores de la tecnología opinan, sin embargo, que es una utopía pensar que se van a dejar de utilizar combustibles fósiles de un día para otro.

«El método más efectivo»

«No existe otro método más efectivo para controlar de forma masiva el CO2. Lo deseable es un modelo energético 100% renovable, que se dará en el futuro», opina Juan Carlos Ballesteros, ingeniero responsable de I+D de Endesa, la principal eléctrica española.

La empresa participa en el proyecto Compostilla, la gran apuesta del Gobierno español, cofinanciada por la Unión Europea con 180 millones hasta finales de este año, para demostrar que la tecnología CAC es viable. Tiene como socios a la Fundación Ciudad de la Energía (Ciuden), institución creada por el Gobierno, y a la empresa tecnológica Foster Wheeler.

El sistema -que reproduce lo que la naturaleza hace por sí misma en los almacenamientos de CO2, petróleo o agua- requiere una tecnología compleja y grandes inversiones. «El CO2 se separa en las industrias y se comprime hasta que alcanza un volumen 500 veces menor», indica Ballesteros. Después se transporta y se inyecta en formaciones geológicas a más de 800 metros de profundidad. Allí permane vigilado, aunque no es tóxico ni explosivo.

Fuente: Diario El País, Agencias

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