[dropcap]P[/dropcap]ortugal, que vuelve a sufrir este verano una dura oleada de incendios forestales, se ha convertido en el país europeo más castigado por las llamas en la última década. Según un informe de la Comisión Europea (CE), la Península Ibérica es la más azotada en el continente por las llamas, pero Portugal se lleva la peor parte al ver calcinadas un promedio de 125.000 hectáreas por año desde el 2000.

Las llamas se han cobrado la vida de cinco bomberos en lo que va de 2013, aunque las más de 60.000 hectáreas de área quemada hasta agosto están lejos de las campañas más catastróficas de 2003 y 2005, cuando ardieron 450.000 y 300.000 hectáreas, respectivamente.

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Condiciones propicias para los incendios

Este fin de semana la oleada en Portugal había remitido, pero aún se registraron por la mañana cuatro incendios sin control, uno de ellos en Montalegre (Vila Real), cerca de la provincia española de Orense. El origen del fuego se debe en su mayoría a negligencias (40 %), pero la ferocidad de las llamas la explican las particularidades del norte del país, donde se declaran la mayoría de incendios.

En general, la despoblación del interior y el abandono de la agricultura desde mediados de la década de los años ochenta del siglo pasado expandió el descuido de los bosques, cada vez más llenos de matorrales que en épocas de altas temperaturas y baja humedad son el combustible ideal para llamas.

Sin poblaciones ni grandes medios de rescate forestal en la zona, las alertas llegan tarde y la lucha inmediata en lugares remotos se complican como los incendios más trágicos de este verano en la Sierra de Caramulo, donde han muerto tres bomberos.

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Cada vez más frecuentes

Pero las características de la propiedad forestal en el norte son el factor diferencial de la dura batalla contra el fuego, como recordó esta semana el ministro de Ambiente y Administración Territorial, Jorge Moreira da Silva.

En esta parte del país, el ciclo de grandes fuegos en la región del norte es “cada vez más frecuente”, de cinco años en lugar de diez, en comparación con otras décadas, debido en parte a un desorden del territorio, explicó a la agencia EFE José Marques Aranha, ingeniero forestal y profesor de la Universidad de Trás-os-Montes.

[quote]Según el experto, las propiedades forestales en esta región no alcanzan la decena de hectáreas de media, lo que configura un paisaje desmenuzado de arbustos, bosques y terrenos para el cultivo. “Es la combinación más propicia para la propagación rápida de llamas”, señala.[/quote]

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Responsabilidades

Además, un 85 % de la masa forestal portuguesa está en manos privadas, una de las mayores proporciones de Europa donde los bosques suelen ser un recurso estatal. Ante la falta de valor económico de estas tierras, los propietarios portugueses han dejado las tierras sin atender a las obligaciones de limpieza que dictan las leyes de prevención de incendios.

“Tenemos legislación que obliga a limpiar arbustos pero hay dueños que ni visitan la tierras y el Estado no tiene capacidad ni instrumentos para atenderla”, señala Marques Aranha. El ingeniero se refiere a la falta de un catastro nacional forestal, planeado pero aún sin realizar, lo que impide a las autoridades identificar a los responsables de los terrenos abandonados para aplicar multas u otras medidas.

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Los alcaldes de los municipios afectados por las llamas y el Cuerpo Nacional de Bomberos también han lanzado estas últimas semanas duras críticas contra el Gobierno en ese sentido y afirman que hay fallos en la política de prevención. Según el presidente de los bomberos, Fernando Curto, son necesarios más cortafuegos y más puestos de vigilancia en lugares estratégicos del interior de las sierras, así como más medios para la limpieza de la vegetación.

El Gobierno portugués, que aún no ha hecho balance de la temporada, afirmó que no hay falta de medios, a pesar de la severa crisis que atraviesa el país, bajo las draconianas condiciones de un rescate internacional, y lamentó las trágicas muertes de los bomberos en servicio. El presupuesto para el combate al fuego aumentó este año hasta los 90 millones de dólares, cuatro más que el año pasado, y se dedicaron otros 24 millones en medidas prevención.

Fuente: EFE, Agencias

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