Por Daniel Delgado / @ddjournalist

Debo reconocer que soy un amante del reciclaje. Estoy consciente que es una de las prácticas que ayudan a contribuir reducir los gases efecto invernadero (causantes del Cambio Climático) y a revertir de alguna forma la huella de carbono, esas actividades del ser humano que suman en la depredación del medio ambiente.

La isla de Margarita tiene un tremendo potencial para reciclar, aunque su principal limitación es que la materia prima derivada del proceso, debe ser trasladada a tierra firme, por lo menos hasta que no se haya “transferido” la tecnología y la infraestructura hasta la ínsula. Hasta que esto no ocurra, la reutilización de los materiales siempre será una buena opción.

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Esto me lleva a hacer la primera reflexión sobre la planta de clasificación de desechos que fue instalada en el vertedero de El Piache y que en este momento se está perdiendo por la desidia gubernamental. Pero para qué preocuparnos si fueron apenas unos 16 millardos de bolívares de los de antes, 16 millones actuales.

Al parecer nunca se hizo un estudio serio sobre las posibilidades de reciclar en la isla de Margarita, es decir, procesar los desechos que son convertidos en materia prima para elaborar productos iguales o similares. Se anunció con biombos y platillos que la planta iba a clasificar no recuerdo cuántas toneladas de desechos susceptibles a ser reciclados, al mes; pero no se tenía claro cuál era el mercado con el que se contaba y todo el procedimiento que implicaba dicha transacción comercial. Para que quede claro: en Nueva Esparta esa posibilidad es nula.

Por otro lado, clasificar la basura desde una bolsa que puede contener cualquier tipo de elementos o sustancias descompuestas o peligrosas, es en sí misma una acción “dantesca”, que debe ser realizada por seres humanos que pareciera que pudieran perder su condición al exponerse día a día a dicha práctica. Seres que terminan perdiendo su capacidad de asombro… y hasta la dignidad.

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Selección de origen: educación

Del otro lado de la acera está la clasificación desde el lugar de origen, donde se genera la basura pues: en casa, la oficina, la escuela, los edificios, las industrias. Un procedimiento que sí está hecho por y para personas, gente civilizada, evolucionada, cuya consciencia lo ha llevado a reconocer que si somos responsables de lo que consumimos, también debemos ser responsables de lo que desechamos, porque eso indudablemente tiene un impacto en el medio ambiente. En este proceso la “educación ambiental” es fundamental. El porqué debemos reciclar y cómo lo podemos hacer.

Con ese “know how”, debemos asumir una responsabilidad que implica un cambio de hábitos: adquirir productos que generen el mínimo de desechos y en el caso de que los genere, clasificar los mismos según el material, acopiarlo, es decir que se debe garantizar un volumen mínimo de materiales antes de entregarlo a una institución que se encargue del aprovechamiento de dicho material, bien sea como materia prima o dándole un valor secundario: reutilizarlo.

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Mandato de Ley

El punto 13 del artículo 12 de la Ley de Gestión Integral de la Basura dice:
Es competencia del Ministerio del Ambiente: “Incentivar la participación de las personas naturales y jurídicas, públicas y privadas, consejos comunales y demás organizaciones del Poder Popular en los programas y proyectos destinados a la segregación clasificada en el origen, recuperación de materiales aprovechables y reducción de la generación de residuos sólidos”.

http://ecoscopioweb.blogspot.com

Sobre el Autor: Vicepresidente de la Fundación “Somos Margarita Verde”, Periodista de la Red Socio Ambiental de Nueva Esparta y de la Coalición Venezuela por las Ballenas y Delfines. Comunicador de dilatada trayectoria profesional, se ha desempeñado como periodista en el Diario del Caribe, Nueva Prensa de Oriente, Ultimas Noticias y El Nacional entre otros. Fundador del Periódico Comunitario Norte Franco. Premio Municipal de Periodismo “Pedro Manuel Vásquez” (2001). Alcaldía de Marcano, Mención Especial del Premio de Ecoeficiencia 2010 que otorga la ONG Vitalis.

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