El veterinario francés Étienne Letard observó y estudió en 1935 a un conejo que tenía la curiosa habilidad de caminar sobre sus patas delanteras, levantando verticalmente la parte posterior del cuerpo en una acrobacia que en humanos se denomina popularmente hacer el pino.

Letard trabajaba en aquellas fechas en la Escuela nacional de veterinaria de Alfort (Île-de-France, Francia) y nunca llegó a descubrir el origen de esta conducta animal. Para añadir misterio al asunto, se pudo comprobar que algunos de los descendientes del animal sauteur d’Alfort (saltador de Alfort, como se denomina técnicamente este síndrome) también hacían lo mismo sin haber sido entrenados ni tener motivo aparente para adoptar esta postura, según explica el diario La vanguardia.

Alteración genética

En circunstancias normales, los conejos saltadores de Alfort habrían pasado a formar parte del anecdotario animal pero en 1990 algunos expertos plantearon la posibilidad de que esta conducta respondiera a una alteración genética, y que su estudio pudiera ayudar a comprender problemas de salud en humanos.

Un equipo internacional encabezado por Miguel Carneiro, de la Universidad de Porto en Vairao (Portugal), ha descubierto ahora una mutación genética que parece ser la causa del síndrome sauteur d’Alfort y estar en la raíz de otras formas de desplazamiento por saltos (locomoción saltatoria) de diversos grupos de animales. Los resultados de esta investigación han sido publicados en la revista PLOS Genetics (versión on line, 25 de marzo de 2021).

Los autores explican que, utilizando una combinación de cruces experimentales y secuenciación del genoma completo, en su estudio han podido comprobar que “un solo locus [posición fija en un cromosoma] que contiene el gen del receptor B huérfano relacionado con RAR ( RORB) explica el andar atípico de estos conejos”.

conejos que caminan en 2 patas

Estudio científico

“Encontramos que una mutación del sitio de empalme en un sitio conservado evolutivo de RORB da como resultado varias isoformas de transcripción aberrantes que incorporan una secuencia intrónica. Esta mutación conduce a una reducción drástica de las neuronas positivas para RORB en la médula espinal, así como a defectos en la diferenciación de poblaciones de interneuronas de la médula espinal”, detallan de forma técnica los autores en el resumen de su estudio.

La explicación científica es difícil de entender para los profanos pero, en un intento divulgativo, la edición en internet de la revista Science publica esta semana un artículo en el que se resume que “el gen involucrado [con los conejos de Alfort] contiene pistas sobre cómo la médula espinal permite caminar, saltar e incluso pararse con las manos, un hallazgo que encaja con otros trabajos realizados durante la última década en ratones y caballos”. “Juntos, los estudios brindan una imagen emergente que puede ayudar a explicar cómo se mueven todos los vertebrados, incluidos los humanos”, indica Science es este artículo divulgativo firmado por Elizabeth Pennisi.

La observación de los conejos acróbatas de Alfort, que podría haber acabado en el olvido, se abre ahora al estudio de déficits motores humanos como la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, un problema grave en el sistema nervioso caracterizada por debilidad muscular, ha explicado a Science la profesora  Stephanie Koch, neurocientífica del University College London no relacionada directamente con el estudio ahora publicado.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/, Agencias

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