Aunque las personas fallecidas por el terremoto del sábado en Nepal son poco más de cuatro mil 300 hasta ahora, el primer ministro Sushil Koirala dijo hoy que la cifra podría llegar hasta los 10 mil en los próximos días.

Reunido con los embajadores de los dos mayores vecinos de Nepal, la India y China, y con el de Estados Unidos, el jefe de gobierno expresó sus temores que el sismo deje un saldo peor al de 1934, que segó poco más de ocho mil vidas.

KATHMANDU EARTHQUAKE

Falta de agua potable y hospitales desbordados

Cuando todavía las acciones de búsqueda entre los escombros están en curso, las autoridades han fijado de modo provisional los muertos en cuatro mil 347 y los heridos en más de siete mil 500, una buena parte de ellos en situación crítica.

Pero la cosecha letal del terremoto también puede aumentar porque los hospitales están desbordados, faltos de materiales y de sangre para transfusiones. Algunos están teniendo problemas para eliminar una cantidad desusada de desechos médicos.

Están, por otra parte, las condiciones de insalubridad que por lo regular genera un desastre de esta magnitud. En Katmandú ya se hace notar la falta de agua potable y en muchos barrios pueden verse largas colas de mujeres y niños con baldes plásticos, esperando sus raciones del vital líquido.

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Escasez de artículos de primera necesidad

Hay zonas donde también se habla de escasez de alimentos y de artículos de primera necesidad, mientras algunos hospitales capitalinos y del interior han reportado una inusual cantidad de casos de diarreas.

El simple acto de dormir se ha convertido en un martirio. Decenas de miles de personas en Katmandú han pasado a la intemperie las tres noches transcurridas desde el terremoto, bajo improvisadas casuchas de cartón o láminas plásticas, y cubriéndose del frío con periódicos o lo que encuentran a mano.

Las mantas son un lujo que llega poco a poco, bien de los fondos de emergencia del Gobierno o de los cargamentos que han enviado varias naciones. La mayoría de los damnificados van con la misma ropa que llevaban al momento del descomunal sismo, de 7,9 grados en la escala de Richter. Con todas las implicaciones del caso, los apagones son también una constante en la capital y en las demás localidades afectadas por el sismo.

Fuente: Prensa Latina, Agencias

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