El tráfico marítimo en Europa es responsable del 13,5 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero y de micropartículas de carbono en las vías respiratorias del personal en embarcaciones, se conoció hoy. La Agencia Europea de Seguridad Marítima (EMSA) hizo público su informe de 2021 sobre el impacto medioambiental de esas operaciones, el cual reveló que buques contenedores, graneleros y petroleros suman el 60 por ciento de todas las emisiones de estas partículas (hollín).

Precisó que los cruceros, pese a constituir un bajo porcentaje de la flota total, emiten 10 toneladas por barco y año, cifra inferior a la de 1,7 registrada en un petrolero. Advirtió el documento sobre el vertimiento de aguas residuales: los grandes buques lanzan al mar ingentes cantidades de agua sucia, oleaginosas, de sentina o cavidad inferior, de lastre, así como basura sólida (plásticos, envoltorios, desperdicios alimentarios) que ocasionan daños a los ecosistemas marinos.

Diversos tipos de contaminación

Según EMSA, las principales aguas sucias lanzadas al mar son las usadas en la limpieza de gases de escape de chimeneas mediante filtros instalados para retener las partículas contaminantes. “Cuando se usan los mecanismos EGCS (sistema de limpieza) de ciclo abierto, el agua empleada en la limpieza de los gases de escape de los barcos es descargada en el mar. Esta puede contener metales pesados e hidrocarburos aromáticos que pueden ser peligrosos para los organismos marinos”, afirmó la agencia.

Por otra parte, el informe alertó sobre la pérdida accidental de grandes cantidades de contenedores con todo su contendido que va a parar al fondo del mar. Recordó que el tráfico mundial de esos recipientes de carga pasó de 487 millones de unidades en 2006 a 793 millones en 2018.

Entre 2008 y 2019 se perdieron cada año una media de mil 382 contenedores. Otro impacto negativo es el conocido como ruido submarino, causado por los buques y que altera la vida de los cetáceos y otras especies que utilizan frecuencias para comunicarse.

Daño a la fauna marina

“No es un problema menor, porque de esta comunicación depende la propia alimentación de las especies. Las colisiones de los grandes barcos con cachalotes, rorcuales y otros grandes cetáceos sigue siendo un problema”, enfatizó el documento.

Como saldo positivo, señaló la disminución de los óxidos de azufre que afectan al sistema respiratorio y causan lluvia ácida en el Mar del Norte y el Báltico desde 2015. La creación de una Zona de Control de Emisiones obliga a los barcos a expulsar menos cantidad de gas. Confirmó que en esos mares las concentraciones de SO2 (dióxido de azufre) bajaron desde entonces, entre un 20 y un 60 por ciento según la zona.

Fuente: https://www.prensa-latina.cu/, Agencias


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