El lema »Los bosques y la educación» preside la celebración hoy del Día Internacional de los Bosques, inspirada en el interés de educar a niños y jóvenes sobre la importancia de esos recursos naturales.

Cada año 13 millones de hectáreas de bosques se pierden, deforestación marcada mayormente por la actividad humana en detrimento del hábitat del 80 por ciento de las especies de plantas, animales e insectos de la tierra y sustento alimentario, energético y de subsistencia de mil 600 millones de personas, el 25 por ciento de la población global.

Pero ello no es todo, los bosques constituyen, indican expertos de la FAO, el recurso renovable más copioso y versátil que la naturaleza brinda a la humanidad, por su amplia gama de beneficios y servicios económicos, sociales, ambientales y culturales.

El rol ecológico y repercusión en el ambiente de ese valioso ecosistema trasciende las fronteras del país donde está situado, de ahí que se le considere un bien común como la atmósfera y los océanos.

La importante efeméride que muchas naciones celebran hoy fue proclamada por la Asamblea General de la ONU en 2012, con encargo de atención a su organismo especializado en alimentación y agricultura (FAO), para alentar a sus naciones miembros a promover iniciativas a favor del cuidado y conservación de esos ecosistemas e incluso la realización de campañas de reforestación.

Para la FAO entre los mayores desafíos actuales está el crecimiento poblacional que prevé supere los siete mil 600 millones de personas actuales a cerca de 10 mil millones para 2050. Ello supone mayor presión al uso de las tierras productivas, sobre todo en países en desarrollo, ante una demanda mundial de alimentos que se espera crezca para ese entonces un 50 por ciento.

En su informe ‘El estado de los bosques del mundo 2018’, ese organismo de ONU advierte que la deforestación, provocada en particular por la conversión de la tierra forestal en zonas de agricultura y ganadería, amenaza los medios de vida de los silvicultores, comunidades forestales y pueblos indígenas, y también a la variedad de la vida del planeta.

José Graziano da Silva, director general de la FAO, en el prólogo del propio documento destaca cómo científicamente está demostrada la ‘gran importancia que revisten los bosques para los medios de vida’ y señala investigaciones que confirman que son imprescindibles para la agricultura sostenible.

Otros estudios indican, además, que el acelerado proceso de urbanización a nivel global hará que para 2050 unos seis mil millones de personas, equivalente al 70 por ciento de la población mundial, vivirán en ciudades.

‘Bosques y ciudades sostenibles: Relatos inspiradores de todo el mundo’, texto también de la FAO, describe cómo 15 quince urbes desarrollan zonas verdes para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, con lo cual ayudan a filtrar la polución, crear un aire más limpio, disminuir el efecto de las altas temperaturas, embellecer el entorno, reducir el estrés y otras muchas ventajas.

Es ese un imperativo insoslayable ante un proceso hasta ahora indetenible de migración rural, a menos que se logren avances en los esfuerzos hacia una vida rural más llevadera a la de ahora y enamore a las actuales generaciones de jóvenes a permanecer en ese medio.

Las evaluaciones en torno a los bosques indican que la preservación de la especie humana exige una mayor interacción entre individuos y árboles, comunidades y bosques; instan a aprender a conocer que ellos son algo más que sombra, frutos, madera y fuentes de energía. Ellos contribuyen de manera decisiva a fortalecer los medios de vida,suministran aire y agua limpios, protegen la biodiversidad y ofrecen una respuesta eficaz para enfrentar el cambio climático.

Según expertos los bosques absorben el equivalente a unos dos mil millones de toneladas de dióxido de carbono al año, pero cada árbol talado devuelve al aire todo el CO2 acumulado en él. Por ello la deforestación es la segunda causa del cambio climático, después de la quema de combustibles fósiles, lo cual representa casi el 20 por ciento de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, más que todo el sector de transporte a nivel mundial.

De ahí la importancia excepcional de ese recurso natural en la respuesta mundial al cambio climático en términos de adaptación, mitigación y resiliencia. Así fue reconocido en el Acuerdo de París en el cual se refiere que ‘los bosques y los árboles desempeñan una función decisiva para determinar la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera’.

El visible deterioro de los ecosistemas boscosos, las agresivas advertencias del cambio climático parecen todavía insuficientes para hacer comprender el peligro a la existencia humana, que se muere de a pocos. De ahí la sabia estrategia de ganar la batalla en las escuelas, con niños y jóvenes para que defiendan su futuro y en la que padres y abuelos debieran acompañar cada vez más.

‘Algún día el árbol que has tronchado te hará falta para respirar’, ‘Cuando comas una fruta piensa en la persona que plantó el árbol’, frases de Jean-Jacques Rousseau y Martin Luther King que concitan a la reflexión, pero el proverbio vietnamita ‘Si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy todavía plantaría un árbol’, llama a la acción.

Fuente: Silvia Martínez / Prensa Latina, Agencias

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