Hasta hace poco casi nadie las conocía, pero ahora están en boca de todos. De la noche a la mañana, las tierras raras, imprescindibles para la industria tecnológica, han cobrado mayor importancia que el oro, y su control se ha convertido en razón para una guerra comercial sin cuartel que ya ha llegado incluso a la Organización Mundial del Comercio.

Se trata de una veintena de elementos utilizados en la producción de todo tipo de aparatos electrónicos. Son vitales en el desarrollo automotriz experimental, sobre todo en vehículos híbridos y eléctricos, y la industria militar hace uso de ellos en los sistemas de guiado de misiles.

Propiedad «casi» exclusiva de China

También ayudan a salvar vidas, ya que permiten que las máquinas de resonancia magnética, las más sofisticadas en la detección de tumores y otras afecciones, reduzcan su peso a una décima parte y sean mucho más fáciles de transportar. En definitiva, las tierras raras sólo tienen un problema: más del 90% de la producción se lleva a cabo en China.

Y el gigante asiático, que hasta hace poco los comercializaba a muy bajo costo ha decidido sacarles mayor provecho. Así, el año pasado redujo casi en un 40% la cuota destinada a la exportación, provocando el pánico de los mercados y la ira de varios gobiernos. A pesar de las palabras conciliatorias de sus dirigentes, el país ha recrudecido la medida a comienzos de este año con una reducción adicional del 11%.

Hace dos años China aprobó la «Hoja de ruta de la industria de Tierras Raras 2009-2015», un documento que pasó desapercibido pero que ahora a comenzado a mostrar su verdadero significado. El texto incluye la necesidad de disminuir la producción para elevar los precios, un efecto que se acentúa por el aumento en los impuestos que producen estos minerales -hasta superar el 40%-, algo que terminará afectando directamente a los consumidores del todo el mundo.

Extracción contaminante

Sin embargo el Partido Comunista asegura que la razón de las restricciones a la exportación es ambiental. La extracción de las tierras raras es muy contaminante, y, dicen los dirigentes, China busca un desarrollo sostenible considerando que el año pasado produjo cerca de 120.000 toneladas, de las que 30.258 acabaron fuera de sus fronteras.

Muchas multinacionales en cambio tienen otra opinión sobre el tema, analistas aseguran que lo que busca el gigante asiático es impedir la expansión de industrias clave fuera de China, un país que consume el 60% de la producción total mundial de tierras raras.

En vista de esta situación, países como Japón ya buscan proveedores alternativos, ya que a fin de cuentas China solo posee un 36% de las reservas mundiales de estos metales. El problema radica en construir la infraestructura necesaria para extraerlos y debido a la contaminación generada por su extracción muchos países desarrollados abandonaron su producción, dejándole la responsabilidad a China.

Fuente: Diario El País, Agencias

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