En nuestra Venezuela actual una serie de términos ya tienen la particularidad de causar reacciones de tensión y hasta de agresividad. Por ejemplo, si estamos en una conversación donde se trate cualquier tema menos el “político” y se desliza alguna de estas palabras, como por ejemplo, revolución, proceso, socialismo, imperio, inclusión, patria, camarada; o también apátrida, traidor, golpismo, fascismo, desestabilización, escuálido u oligarca, veremos como el clima entre los interlocutores se hace tenso y las emociones, particularmente las producidas por el ego, afloran con intensidad, disgusto y hasta agresividad.

Bien podríamos, con esta situación, caracterizar la polarización a la que un significativo porcentaje de la población ya está condicionada. Si damos por válida la relación entre “palabras reactivas” y radicalización, estaríamos limitando las capacidades de los ciudadanos a confrontar sus ideas en un plano más elevado, y donde las diferencias sean el anclaje para la discusión crítica y la búsqueda de acuerdos para el “ganar-ganar”.

Estoy seguro que en este momento de la lectura algunos de ustedes, voluntaria o involuntariamente, ya estarían cayendo en la “situación” planteada al inicio y surgirán juicios a priori o calificativos anticipados. Este es el detalle, pareciera que estamos invadidos por algún germen que no deja posibilidad alguna para irnos más allá del estéril “jaleo” gastando energías para que todos digamos,  “yo tengo la razón y tú no…”

No puede ser que esto sea la totalidad de la configuración del pensamiento humano venezolano y de nuestra capacidad para debatir, no admito esta superficialidad y mucho menos la incompetencia manifestada para “ser” auténticos en simbiosis con la auto-crítica, solidarios pero con compromisos personales y colectivos, leales a los principios ideológicos propios, pero no atados a sectarismos.

Este es el atolladero de donde tenemos que salir, y tenemos que hacerlo porque existe un derecho humano a tener “esperanzas”, sí, ese adelanto bien deseado de lo bueno, lo positivo y beneficioso, no para la mayoría, sino para todas y todos incluidos en una sociedad sincronizada con su desarrollo integral, donde el “disentir” tenga su espacio para ser expresado con propuestas claras y precisas, y no que se acepte mimetizado entre mentiras y con oscuros deseos de destrucción del país, sin importar sus consecuencias.

En este punto de la lectura también podemos caer en la “trampa” ya señalada arriba, pero reitero que si un sistema establecido en principios democráticos y con un proyecto que plantee su transformación por la vía pacífica que implicó una Asamblea Constituyente, y que la Constitución propuesta y aprobada por el mayoritario voto popular establece plenos derechos vinculados a los deberes y derechos máximos del ejercicio ciudadano, de la libertad de pensamiento, y el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica; nos parece entonces una necedad el permitirnos  desviar los esfuerzos colectivos por otros caminos diferentes a los que nos lleven a concretar esas “legítimas esperanzas”, particularmente las de los que  históricamente han estado al margen de los derechos humanos básicos, indivisibles y no discriminatorios.

Este proceso de transformación del sistema sociopolítico tiene un líder indiscutido, el Presidente Comandante Hugo Chávez Frías; en muchas oportunidades él mismo ha señalado a la diversidad humana como un componente de la revolución.

Sus detractores, con el legítimo derecho a expresarse, le han señalado contradicciones en su “discurso”, y en algunos casos han tenido razón, pero de -forma-, primero porque se trata de un ser humano que bien puede caer, como cualquiera de nosotros, en estados donde las emociones lo lleven a decir con vehemencia sus afirmaciones, críticas y señalamientos; pero sabemos que él tiene un propósito muy claro al liderizar un proyecto de país sustentado por una significativa representación del pueblo que lo apoya y espera por su consolidación definitiva.

Creo no equivocarme en lo siguiente: Los procesos de transformación de una sociedad, dada su complejidad y la diversidad del tejido humano-social, son dinámicamente «entrópicos» y su desarrollo es en términos de «construcción», lo que motiva los diferentes estados que vemos en parte de la población que presume resultados definitivos, y al no “verlos”, caen en estados de incertidumbre, miedo y confusión; pero también observamos, convicción, certeza, solidaridad, compromiso y autocrítica en muchos otros.

Ya deberíamos, cronológicamente, estar en un «momento» del proceso donde las palabras no causen crispación, por el contrario, sean entendidas contextualmente en la dinámica que llevan consigo hacia lo positivo de un nuevo paradigma socialista humano, participativo e incluyente, y por otra parte, más allá de las palabras, los hombres y mujeres que dicen ser “revolucionarios”, muy particularmente los que tienen funciones gubernamentales en ministerios, alcaldías, instituciones autónomas, misiones o desde la comunidad organizada, y el resto que motoriza desde la militancia del Partido Socialista Unido de Venezuela PSUV, deben entender que están “obligados”, pero por su propia moral y comportamiento ético, a demostrar con hechos que sí van de la mano con lo establecido por el “Proyecto Simón Bolívar – Primer Plan Socialista” y que no se desvían de ese camino por las tentaciones del poder, las ambiciones personales y tantas otras perversiones que todavía subyacen con su letalidad en la administración pública y en los Poderes Públicos Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Ciudadano y Electoral.

Este artículo pudo ser titulado de diferentes formas, pero he insistido en llamarlo “LEGÍTIMAS ESPERANZAS” porque estoy convencido de que la absoluta mayoría de venezolanos y venezolanas que han apoyado e impulsado el proceso revolucionario con honestidad, con trabajo, entrega y con la ilusión de la construcción de una estructura social incluyente, un nuevo modelo social, productivo, humanista y endógeno, donde se pretende que todos vivamos en similares condiciones, rumbo a lo que decía El Libertador: “La Suprema Felicidad Social”; ahora bien, para ello se necesita una permanente revisión, pero no una mera “supervisión”, debe ser un proceso sistemático y democrático, que someta a las decisiones, los procedimientos y a los resultados a nuevos exámenes, profundos y  abiertos, con reconocimientos a los que van cumpliendo con sus metas legítimas, pero también con  las sanciones y hasta la inhabilitación para aquellos que se desvían de ellas.

Así, lo que en un momento se llamo proceso de las “Tres R” ahora, en este momento coyuntural del proceso, se recobraría la confianza que lo debe acompañar para que se sincronice con la “Revolución”.

Esto debe ser una “cruzada” liderada, estimulada y mantenida por el Presidente Constitucional de Venezuela, Hugo Chávez Frías, sí, el presidente de todas y todos los venezolanos, pero seguida y ejecutada sin descanso por los que tenemos nuestras  “Legítimas Esperanzas” en el Socialismo Venezolano, y aquellos que disienten de este proyecto, vean que la intencionalidad es buscar el desarrollo sustentable y la incorporación de nuestros recursos humanos y naturales de una Venezuela tan amplia y generosa, que solo nos pide trabajar sobre los valores de respeto, honestidad e identidad nacional.

Y si usted llegó con su lectura a este punto, y todavía siente alguna irritación de sus emociones, es porque lo que hemos planteado aquí no será una verdad “absoluta”, pero se aproxima mucho a ella…

Mis mayores respetos,
Prof. Giovanni Capobianco Mucci
Maracay – Estado Aragua
Mayo-2010

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