Deforestación, agotamiento de recursos naturales, búsqueda desmesurada de poder, consumo excesivo, incendios, agricultura…No hablamos de la sociedad actual, sino de la civilización maya, que desgastó su tierra con un consumo desmedido.

La historia maya es la mejor analogía de la sociedad actual. ¿Se actuará para frenar los excesos? ¿Y para frenar el cambio climático? Por ahora, el camino es similar.

Estamos repitiendo la historia, asegura Richard Hansen, arqueólogo en la Universidad Estatal de Idaho (EE UU), y presidente de la Fundación para la Investigación Antropológica y Estudios Medioambientales (FARES, por sus siglas en inglés).

Productos de nuestra propia locura

Los acontecimientos climatológicos extremos, la propagación de enfermedades, el aumento de la pobreza y la sequía, el derretimiento de glaciares, las inundaciones, y la contaminación no son más que la señal del alcance del cambio climático que el ser humano está acelerando.

Son los productos de nuestra propia locura, afirma John Kermond, antiguo director del programa de comunicación de la Administración Oceánica y Atmosférica Nacional (NOAA, en sus siglas en inglés) de EE UU.

La civilización maya abandonó sus tierras desgastadas hacia otros lugares. La producción de cal para sus pirámides y la deforestación les obligó a migrar. Fue un consumo conspicuo de cal. Sólo para cubrir la pirámide de Tigre, por ejemplo, se requirió una deforestación total de 1.630 hectáreas de bosque verde (necesarias para mantener a 900ºC la conversión de la piedra caliza a cal), informa el arqueólogo que lleva 30 años estudiando los templos mayas.

Al deforestar el bosque, el barro natural se sedimentó en los subsuelos y arruinó la capacidad agrícola de los mayas, que consumieron su propia existencia. No les quedó nada, desnudaron sus bosques. Pero no desaparecieron, lo hizo el apogeo de su civilización, dice Hansen.

El dilema del cambio climático

Los viajeros en el tiempo, como también se llama a los mayas, provocaron un cambio ambiental regional, pero el nuestro es global, y afectará a 6.000 millones de personas. «¿A dónde iremos? No nos queda más territorio», alerta Vida Amor de Paz, presidenta de la Fundación guatemalteca del Bosque Tropical y de la Tropical Rain Forest Foundation de Florida (EE UU).

Curiosamente el territorio que conoció la gloria maya, con sus conocimientos y ciencia, desde México hasta Honduras, sigue siendo una de las zonas más vulnerables al cambio climático.

Según Kermond, la fuerte dependencia de la agricultura, sobre todo para la producción de alimentos, el aumento o la ausencia de las lluvias, y la situación geográfica (entre los dos océanos) hacen de Centroamérica y el Caribe zonas vulnerables al cambio climático por el aumento del nivel del mar, los huracanes y otros acontecimientos climáticos.

Los países con carreteras pobres, una generación de electricidad limitada y un abastecimiento mínimo de agua sufrirán también, sobre todo si las naciones industrializadas siguen arrojando las mega toneladas de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera, advierte el investigador de la NOAA.

Guatemala, donde yace la cuna de la civilización maya en los templos de El Mirador, es el país más vulnerable del continente americano, y se encuentra entre los 10 más vulnerables del planeta. Cada año más de 73.000 hectáreas son deforestadas, y sólo 11.000 son repuestas. La situación es gravísima, recalca de Paz.

Fuente: Diario El Mundo, Agencias

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