Con fama de insulsos animales de granja «con poca inteligencia», dos científicas de la Universidad de Cambridge sometieron a siete ovejas a pruebas cognitivas para demostrar que son animales ideales para estudiar enfermedades neurológicas, como la enfermedad de Huntington. Los lanudos ‘conejillos de indias’ pasaron el examen sin problemas.

Las investigadores, A. Jennifer Morton y Laura Avanzo, han publicado los resultados de su estudio en la web de trabajos científicos ‘PloS ONE’.

Aprenden rápido

Durante 21 días entre marzo y junio de 2010, siete ovejas Welsh Mountain se sometieron a diferentes pruebas cognitivas, cada vez más complejas. Durante una de ellas, las ovejas aprendían a escoger entre dos cubos, uno azul y otro amarillo.

La diferencia entre los dos recipientes era que sólo el azul contenía un premio en forma de comida. Las lanudas participantes aprendieron a escoger el cubo correcto, hasta que un día la recompensa pasó a estar en el cubo amarillo. No obstante, las ovejas terminaron por aprender que la comida había cambiado de cubo en un proceso denominado aprendizaje inverso.

Las ovejas siempre acaban por aprender dónde estaba la recompensa. En otro experimento aún más complicado, las ovejas tenían que acertar dónde estaba el premio, pero eligiendo esta vez entre cubos iguales. Ahora, la diferencia entre los dos recipientes era el color -azul o amarillo- de unos conos situados cerca de los cubos y, de nuevo, las ovejas aprendieron el procedimiento correcto.

Todo un reto

Sin embargo, como todos los procesos de aprendizaje, el de estas ovejas también estuvo salpicado por las sombras. Aunque estos animales son ciertamente más inteligentes de lo que se pensaba, durante las pruebas las ovejas defecaron, orinaron -las investigadoras lo achacan a la ansiedad-, pasearon ajenas a los cubos, se pusieron a balar e incluso llegaron a abandonar el recinto de pruebas para interactuar con las científicas.

Otras habilidades ovinas incluyen clasificar familias de vegetales y reconocer las caras de otras ovejas de su rebaño. De hecho, cuando están asustadas les tranquiliza ver fotografías de otros semejantes -sobre todo si les son conocidos-.


Además, también pueden reconocer, diferenciar y recordar las caras de las personas con las que han convivido y son capaces de recordar su rostro hasta dos años después.

Al menos ya los científicos reconocen que el resto de los animales siente, piensa y padece, solo falta que el resto de la sociedad entre en conciencia, ¿complicada la tarea no?

Mientras también podemos leer este contundente artículo publicado por AnimaNaturalis:

http://www.animanaturalis.org/n/11535/las_gallinas_tambien_sufren_por_sus_polluelos

Fuente: Diario El Mundo, Agencias

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