Investigadores del Instituto Oceanográfico Woods Hole (WHOI) acaban de realizar un descubrimiento excepcional: la forma en que las bacterias se comunican entre sí influye de forma directa y significativa sobre el clima de la Tierra.

Aunque son muchos los que piensan que los seres humanos somos la especie dominante, nada está más lejos de la realidad. De hecho, nuestra llegada al mundo en que vivimos (Hace 2 millones de años), es ridículamente reciente si se compara con la de las criaturas a las que realmente «pertenece» la Tierra.

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El reino de las bacterias

Estamos, desde hace miles de millones de años, en la era de Archea, es decir, en el reinado de las bacterias. Ellas fueron las que, durante tres mil millones de años, dominaron en solitario el planeta. Y lo siguen haciendo, a pesar de que en la actualidad existe una gran variedad de «organismos complejos» (como nosotros), que parecen «ejercer el control».

Las bacterias son capaces de sobrevivir en cualquier parte: desde las profundidades abisales de los océanos hasta en la mismísima estratosfera, donde la atmósfera terrestre limita con el espacio exterior. Hay bacterias a centenares de metros bajo los hielos polares, a kilómetros de profundidad bajo la corteza terrestre, en las chimeneas volcánicas.

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Auténticas redes sociales

Ahora, y gracias al trabajo del WHOI, se acaba de descubrir que en los océanos, numerosas colonias de bacterias se agrupan alrededor de las pequeñas partículas ricas en carbono que se van hundiendo en las profundidades marinas.

Y que esas bacterias envían alrededor una serie de señales químicas para averiguar si hay otras bacterias en las proximidades. Cuando las diferentes colonias se localizan, todas ellas, en masa, entablan una «conversación» que consiste en secretar una serie de enzimas que rompen esas partículas ricas en carbono en pequeños trozos más «digeribles».

Colaborando de esta forma, todas ellas se benefician. Es la primera vez que se consigue demostrar creíblemente esta capacidad colaborativa entre las bacterias. «No nos podíamos imaginar que las bacterias fueran capaces de tomar decisiones en grupo – afirma Laura Hmelo, uno de los autores de la investigación-. Pero eso es exactamente lo que nuestros datos demuestran que está ocurriendo».

Procesamiento de Co2

bacteria1 copyLa fuente de carbono de las partículas a las que se adhieren las bacterias es atmosférica. En concreto, dióxido de carbono, capaz de «capturar» gases de efecto invernadero. Por eso, esta clase de comunicación entre bacterias contribuye a la liberación del carbono contenido en las partículas a escasa profundidad, en lugar de permitir que se hunda en las profundidades oceánicas.

Y, según los investigadores, eso significa que hay mucho menos carbono de lo que se creía en los fondos oceánicos, desde donde es muy difícil que regrese a la atmósfera. Es decir, que este comportamiento bacteriano afecta directamente al ciclo del carbono en la Tierra, lo que tiene profundas implicaciones para el clima.

De esta forma, y a través de sus «conversaciones» estos organismos influyen en la cantidad de dióxido de carbono que hay en la atmósfera. Y si se tiene en cuenta que el número de esas conversaciones oceánicas es prácticamente infinito, la influencia ejercida por las bacterias en el ciclo del carbono debe ser enorme.

Fuente: ABC, Agencias

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