Este artículo publicado en el diario El Mundo de España escrito por el periodista y fotógrafo Isaac Hernández deja bien claro que aún y pese a las pruebas contundentes que maneja la sociedad humana con relación al cambio climático siguen dominando los intereses de pequeños grupos políticos por encima de millones de personas. Esto es verdaderamente grave.


Según ThinkProgress, el 50% de los nuevos republicanos en el Congreso no creen que el cambio climático sea causado por el ser humano, si es que este siquiera existe. Así que es normal que una de las primeras acciones del nuevo Congreso haya sido acabar con la Comisión de Independencia Energética y Cambio Climático del Congreso.

El periódico Politico publicó la noticia, como un obituario: «El preciado comité del calentamiento global de los Demócratas del Congreso murió tranquilamente el miércoles. Tenía cuatro años».

Digamos que la muerte de la comisión no fue tan tranquila, y que fue más bien un asesinato. Los Republicanos dicen que lo hicieron en defensa propia o, mejor dicho, en defensa del pueblo. «Hemos prometido ahorrarle dinero al contribuyente reduciendo el desperdicio y la duplicación en el Congreso», dijo Michael Steele.

«El Comité Selecto del Calentamiento Global -creado para proveer un foro político que promoviera los impuestos energéticos mata-empleos de los Demócratas de Washington- era un ejemplo claro, y no continuará con este Congreso».
Se murió el cambio climático.

Ya no nos tenemos que preocupar. Ni siquiera tenemos porque atender a su funeral, porque no hay tiempo. Hay que salvar empleos… despidiendo a aquellos científicos locos que piensan que la ola de calor en Moscú del verano pasado, las inundaciones de Pakistán y las temperaturas récord del 2010 tienen que ver con nuestros actos.

Recuerdo mi charla con uno de esos científicos, el Profesor Veerabhadran Ramanathan, quien en los años setenta descubrió que los clorofluorocarbonos (CFCs) contribuyen al efecto invernadero y quien ha testificado ante dicho comité ahora disuelto.

Hace 40 años también se le acusó de loco con sus teorías invernadero. Cuando le pregunté a Ramanathan que le diría a aquellos que no creen en el cambio climático causado por el ser humano, me respondió que estar equivocado le haría muy feliz.

Y me acuerdo de mi visita a Nueva Orleans, que coincidió con los primeros días del vertido tras la explosión de la plataforma petrolera Deep Horizon, de BP y Halliburton. Entonces sólo se hablaba de la vida desperdiciada de los once trabajadores y del fondo del mar sólo salían unos «hilillos de plastilina».

Estaba yo trabajando en un reportaje sobre el quinto aniversario del huracán Katrina, documentando la labor de Brad Pitt y otros por reconstruir una Nueva Orleans más verde. Quedé entonces para una sesión de fotos con Malik Rahim, ex-Pantera Negra y co-fundador de Common Ground Relief, una organización nacida para ayudar a las víctimas del Katrina.

Le comenté la idea de que Obama y sus Demócratas perderían el control del Congreso si no generaban empleo. A lo que me respondió una premonición: «el vertido de petróleo va a generar miles de puestos de trabajo, ¿a costa de qué?»

Cada vez que alguien habla de crear empleo hoy, sin pensar en el futuro de nuestros nietos y el de sus nietos, me acuerdo de las palabras de Rahim. Sí, ya sé que mucha gente acusará a Rahim de criminal (pasó cinco años en la cárcel), pero sus palabras tienen mucho sentido.

No me pongo del lado de los Demócratas ni de los Republicanos, sino del lado de los niños que no conoceré, los que nacerán siete generaciones después de la mia; esta no es una idea original sino de los indígenas americanos.

¿De qué me sirve tener trabajo hoy si mis hijos van a tener que sufrir las consecuencias del cambio climático? ¿Merece la pena vivir mejor ahora para sufrir después? ¿Quién dice que no es posible generar empleo y reducir nuestras emisiones de CO2 al mismo tiempo?

Si fuera tan fácil acabar con el cambio climático… No basta con meter a la comisión del cambio climático en un ataúd y ponerle unos clavos. Por fortuna existen en el mundo muchas personas comprometidas con encontrar soluciones en lugar de votos. Al final la solución queda en nuestras manos y no en la de los políticos. Sólo que estaría bien si el gobierno, por una vez, nos echara una mano.

¿Qué perdemos si reducimos nuestros humos y resulta que luego nos equivocamos y en realidad el clima no está cambiando? Y acabo con las palabras de Ramanathan. ¡Ojalá nos equivoquemos!.

Fuente: Isaac Hernández, Diario El Mundo, Agencias.
Web: IsaacHernandez.com

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