Los incendios forestales son cada vez más comunes y sus emisiones de humo pueden causar estragos en la salud humana. En América del Sur, los incendios pueden causar casi 17.000 muertes evitables cada año. La frecuencia de los incendios en la cuenca del Amazonas se ha relacionado con el clima (las condiciones más secas provocan más incendios), pero la acción humana directa, como la deforestación, también aumenta la frecuencia de los incendios.

La deforestación puede causar incendios forestales que se propagan sin control debido a que los humanos queman la vegetación. El humo de estos incendios también interactúa con las nubes y el sol para reducir la lluvia adicional, lo que crea condiciones secas y propensas a incendios. Quizás lo más sutil es que la deforestación rompe el enorme ecosistema de la selva tropical, alterando el efecto del bosque sobre el clima y creando un ambiente más seco con mayor riesgo de incendio.

Impacto directo de políticas públicas en la salud humana

La cantidad de incendios, y la cantidad de contaminación del aire generada por los incendios, en la Amazonía legal brasileña ha ensombrecido de cerca la tasa de deforestación durante las últimas dos décadas. A principios de la década de 2000, las altas tasas de deforestación provocaron incendios frecuentes y la consiguiente contaminación del aire. Con el tiempo, el gobierno brasileño promulgó políticas para proteger grandes secciones de la selva tropical y la tasa de deforestación se redujo. Sin embargo, en la última década, la tasa de deforestación ha vuelto a subir lentamente, lo que ha traído consigo un aumento de los riesgos de incendios y para la salud.

En un nuevo estudio, se analizaron cifras de 2019 bajo diferentes escenarios de deforestación para comprender el vínculo entre estos eventos en la selva tropical y la salud pública.

Los investigadores encontraron que si 2019 hubiera coincidido con el año en las últimas dos décadas con la menor deforestación, la contaminación del aire regional habría sido sustancialmente menor ese año, lo que resultaría en 3.400 muertes prematuras menos en América del Sur. Si, por otro lado, las tasas de deforestación en 2019 hubieran coincidido con las de principios de la década de 2000, antes de que las regulaciones gubernamentales bajaran las tasas, el número de incendios habría aumentado en un 130% y el número de muertes se habría más que duplicado a 7.900.

Estos modelos demuestran el vínculo entre la acción humana directa como la deforestación y los peligros ambientales y, en consecuencia, la salud pública. También muestran cómo las protecciones ambientales gubernamentales pueden tener un impacto sustancial en la salud humana.

Fuente: https://phys.org/, Agencias


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