Solo después de que el último árbol sea cortado.

Solo después de que el último río sea envenenado.

Solo después de que el último pez sea apresado.

Solo entonces sabrás que el dinero no se puede comer.


Profecía india

Un equipo de investigadores de la universidad de Texas, en Estados Unidos, ha puesto en evidencia una peligrosa y preocupante relación entre las tasas de mercurio y el aumento del autismo en los niños. Por otro lado, diversas investigaciones señalan que puede propiciar el Alzheimer y la diabetes, además de otros problemas de salud, especialmente neuronales.

La contaminación por mercurio en la UE ha sido señalada por la organización Oceana, que advierte del peligro que supone para los consumidores el vertido en los entornos marinos de toneladas de mercurio cada año.

En el curso de las últimas décadas, ha aumentado significativamente la media de niños texanos afectados de autismo, pasando de un niño de cada 2.000 a uno de cada 166, señala un estudio realizado por la universidad de Texas y que ha relacionado la evolución del autismo en la sociedad con los niveles de mercurio en el ambiente.

Presente en todas partes

La relación entre autismo y mercurio, un compuesto neurotóxico, ha sido discutida desde hace mucho tiempo. El mercurio es un metal utilizado en algunas vacunas infantiles, que además se emplea en empastes dentales mezclado con otros metales, y que puede llegar a comerse a través de animales y peces contaminados. El estudio de la universidad de Texas, dirigido por el doctor Raymond Palmer, se ha basado en los restos de este metal que se encuentran en el agua y en el aire, restos que provienen de centrales eléctricas o explotaciones mineras, entre otras fuentes.

Palmer y su equipo analizaron los datos de la Agencia de Protección del Medio Ambiente norteamericana (EPA) referidos a la contaminación por mercurio de 254 condados de Texas en 2001 y los compararon con el número de niños autistas que siguen un programa de educación especial en 1.200 academias del estado.



Este estudio ha permitido asociar, de manera estadísticamente significativa, cada 453 kilos de mercurio lanzados a la naturaleza con el aumento en un 43% de los servicios de educación especial y en un 61% de las tasas de autismo en las zonas donde esos residuos habían sido desechados. A la luz de estos resultados, los investigadores han concluido que existe una necesidad urgente de realizar investigaciones más amplias.

La relación es evidente

El doctor Palmer detectó en su estudio que las tasas más altas de autismo entre la población infantil se derivan del mercurio que existe en el medioambiente, lo que puede explicar que California tenga los mayores niveles de autismo, ya que es el estado estadounidense con mayor grado de mercurio en su entorno debido a los vientos que, procedentes de China, llegan hasta sus costas. En China existen numerosas plantas eléctricas que generan 600 toneladas anuales de mercurio que se vierten a la atmósfera.

Según la UNEP, sólo en 1995 se lanzaron a la atmósfera desde diferentes fuentes (naturales y artificiales) 5.500 toneladas de mercurio. EPA ha advertido además que los productos químicos lanzados a la atmósfera atraviesan la piel humana causando diversas enfermedades. La contaminación por mercurio supone la principal amenaza, ya que se asemeja a las sustancias radioactivas que quedan después de una guerra atómica, capaces de atravesar cualquier cosa.

El mercurio puede provocar pérdida de inteligencia, empobrecimiento de la capacidad de habla, y pérdida de atención y de habilidad en el procesamiento de información. La Physicians for Social Responsibility su parte señala que alrededor de 100 millones de norteamericanos, más de un tercio de la población estadounidense, sufre algún tipo de enfermedad crónica como el asma, la diabetes, el cáncer, la artritis o cardiopatías como consecuencia del contacto con sustancias químicas que contienen mercurio y que contribuyen al debilitamiento del sistema inmunológico.

La elevada contaminación del mar por mercurio tiene uno de sus principales focos de emisión en la industria de cloro-álcali. Según datos de Oceana, unas 60 plantas repartidas entre la UE y EE.UU. emiten anualmente a la atmósfera más de 22 toneladas de este metal pesado, que afecta a la vida marina en niveles muy preocupantes, incluyendo especies destinadas al consumo humano.

Fuente: Tendencias Científicas

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