Por: Julio César Centeno
Jcenteno@movistar.net.ve

El sabotaje

Desafortunadamente, los países industrializados, salvo contadas excepciones, han sistemáticamente saboteado el alcance de un compromiso global para encarar la destructiva amenaza climática global. Proponen continuar usurpando un cupo atmosférico desproporcionadamente mayor al correspondiente a su población, maniobran por evadir compromisos legalmente vinculantes en el contexto del Protocolo de Kioto, y manipulan para minimizar la cooperación económica y tecnológica hacia los países en desarrollo.

La usurpación de un cupo atmosférico aun mayor al propuesto por los países en desarrollo pretenden justificarla aludiendo al posible impacto sobre sus ya deterioradas economías y su precaria estabilidad social. La reducción de emisiones de 80% para el año 2050 requiere de una meta intermedia de 40% para el año 2020. Estos escenarios implican fundamentalmente el desacoplamiento del desarrollo económico de las emisiones de carbono, la sustitución de buena parte del consumo de petróleo y carbón mineral por gas, un aprovechamiento significativamente mas generalizado de fuentes alternas de energía, como la solar y la eólica; el aumento de la eficiencia energética para que el crecimiento económico y el transporte impliquen un consumo cada vez menor de energía, y un fin al desproporcionado derroche de energía y materias primas por parte de la población y las industrias.

Por otra parte, los países industrializados parecen haber coordinado sus posiciones para evitar un segundo período de compromisos en el contexto del Protocolo de Kioto. Se pretende evitar el carácter legalmente vinculante de este instrumento, convirtiendo sus promesas en objetos de retórica, de carácter netamente voluntario, sin implicaciones vinculantes.

El objetivo es claramente destruir el Protocolo de Kioto, el único instrumento vinculante del Acuerdo Marco sobre Cambios Climáticos. Ya varios países han formalmente expresado su determinación a plegarse a la posición de los Estados Unidos, rechazando la posibilidad de un segundo período de compromisos en el marco de este protocolo, mas allá del año 2012. Entre estos países se destacan Japón, Canadá y Australia.

El principal argumento de los otros países industrializados es que Estados Unidos se niega a asumir compromisos vinculantes en el contexto de este protocolo para reducir sus emisiones, y que es preferible cualquier acuerdo, aún no vinculante, con tal de incluir a la principal economía mundial. Los países en desarrollo insisten en la necesidad de que los países industrializados mantengan compromisos vinculantes en el contexto del Protocolo de Kioto, mientras que los compromisos voluntarios, no vinculantes de Estados Unidos, se administren a través de un proceso paralelo en donde se incluya también a países en desarrollo con significativos niveles de emisiones, tales como China, India y Brasil.


Los países industrializados pretenden igualmente minimizar la cooperación financiera y tecnológica requerida por los países en desarrollo para contribuir con la reducción global de emisiones y para adaptarse a los crecientes efectos del calentamiento global. Argumentan, por ejemplo, mas allá de las dificultades estructurales de sus economías, que las tecnologías disponibles para mejorar la eficiencia energética de las economías de países en desarrollo son propiedad intelectual de empresas privadas, fuera del alcance de la acción de gobierno. Mientras que, por otro lado, tratan de minimizar la cooperación económica con países en desarrollo, condicionando y retrasando los escasos recursos comprometidos para favorecer actividades que beneficien a sus propias corporaciones transnacionales, o para imponer condicionalidades económicas y políticas a los países receptores.

Uno de los principales argumentos de Estados Unidos es que, en el contexto del Protocolo de Kioto, países como China, India y Brasil no asumen compromisos vinculantes para reducir sus respectivas emisiones, aun cuando China ya sobrepasó a Estados Unidos como el principal emisor de gases del efecto invernadero. Lo que hipócritamente se niega a reconocer el gobierno norteamericano es que el desarrollo económico de ese país se encuentra estrechamente vinculado a gigantescas emisiones de CO2 y otros gases contaminantes acumulados en la atmósfera durante décadas, desproporcionadamente mayores que las de China o India.

Para el año 2000 Estados Unidos era responsable del 30% de las emisiones acumuladas en la atmósfera, mientras que a China le correspondía el 7% y a India sólo el 2%. Sin embargo, la población de China es 4 veces superior a la de los Estados Unidos y la de India 3,5 veces superior. Aun hoy, China emite en promedio 4,5 toneladas de CO2 equivalentes por habitante por año, e India 1.4, mientras que las de Estados Unidos son 5 veces superiores a las de China y 13 veces superiores a las de India.


El enfrentamiento

La negociación que tendrá lugar en Durban, Sudáfrica, a finales de este mes puede convertirse en el golpe de gracia al Protocolo de Kioto. Esa será la intención de buena parte de los países industrializados, liderados principalmente por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón. Sin embargo, si los países en desarrollo mantienen con firmeza la posición que han asumido hasta la fecha, con el eventual apoyo de la Unión Europea se mantendría la posibilidad de un segundo período de compromisos que le otorgue un carácter vinculante a las reducción de emisiones de los principales países industrializados, tanto en proporción con su responsabilidad por las emisiones acumuladas hasta la fecha, como en armonía con su potencial económico y tecnológico para lograrlo.

Durban promete así convertirse en un nuevo campo de confrontación entre países ricos y países pobres, en donde los primeros tratarán de imponer sus criterios, como ha sido práctica recurrente en el pasado, mientras que los últimos defienden, cada vez con menos temores y  complejos, los intereses colectivos de la inmensa mayoría de la humanidad.


Durban tiende a convertirse en otro decepcionante eslabón en el frustrante proceso de negociaciones para afrontar la amenaza del calentamiento global, cuyas peligrosas consecuencias prometen ser desproporcionadamente severas para los pueblos mas desposeídos del planeta. Un acuerdo efectivo en Durban es poco probable, aunque quedarán sentadas las bases de un eventual acuerdo en el que se reflejen las legítimas aspiraciones de desarrollo de los países mas pobres del planeta.

El Acuerdo Marco sobre Cambios Climáticos no puede condenar a la mayoría de la población mundial a mantenerse en la pobreza, la ignorancia y la dependencia, limitando su desarrollo, mientras se mantiene el profundamente injusto orden económico internacional vigente. Es hora en que los países en desarrollo, donde se encuentra la inmensa mayoría de la población mundial, se unan para defender con determinación y firmeza no sólo sus legítimos derechos y aspiraciones, sino los derechos de la Madre Tierra.

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