Según los datos de Instituto Sismológico de Estados Unidos, USGS, Japón vivió ayer escenas apocalípticas de terremotos y maremotos consecutivos, aunque nada nuevo de acuerdo a la historia del país, según describe el escritor Kamo no Komei en su relato ‘Recuerdos desde mi choza’ del primer milenio.

En el presente, aparte del sismo 8,9 grados escala de Richter a poco más de 100 kilómetros de la costa, 3 fueron los sismos potencialmente dañinos que se registraron en tierra firme y a muy poca profundidad, con 7,1 grados y 6,1 grados y uno de 6,8 grados el día 12 de marzo en la madrugada, hora UTC. La poca profundidad de todos los sismos provocó mayores daños en las construcciones.

Luego el mismo 11 de marzo, se registraron 16 sismos entre 6 y 6,8 grados escala Richter, en el mar cerca del epicentro inicial y a poca profundidad , todos potenciales para generar tsunami o para aumentar la potencia de los que estaban en curso. Uno se registró hasta el momento el 12 de marzo.

Movimiento continuo

Aumentando la destrucción y pánico de los habitantes de Japón el 11 de marzo se registraron en tierra firme 40 sismos entre 5 y 5,9 grados Richter, de poca profundidad y 80 sismos en el mar cerca de la costa y del epicentro inicial. Hoy hasta el momento van 11 y 22 respectivamente.

Con la esperanza de que las réplicas disminuyan de intensidad y magnitud, se están registrando sobre 22 sismos entre 4 y 4,9 grados en la escala de Richter con lo que se espera que reemplacen a las réplicas de magnitud.

Lo que dice la historia

Según escribió Kamo no Komei en su libro ‘Recuerdos desde mi choza’ luego de relatar un desastroso ciclón que destruyó Tokio en el año de 1185:

“No se había verificado jamás uno de aquella potencia. Las montañas, derrumbándose sepultaron los ríos y el mar se elevó sumergiendo la tierra. El suelo se abría y de ahí salpicaba agua. Las rocas se despegaban rodando sobre los valles. Los barcos que trataron de llegar a la playa cayeron bajo las olas y los caballos que se encontraban en el camino sintieron que faltaba el terreno bajo sus pies”.

“En los alrededores de la capital, ninguna capilla, ningún monasterio, ninguna pagoda, ningún templo se salvó; y mientras todo se derrumbaba o se destrozaba, el polvo formaba como una densa niebla, y el rumor de la tierra que tremaba y de las casas que se caían no era diferente a un trueno”, agrega el relato.

Luego de señalar que las réplicas fueron disminuyendo para el asentamiento del terreno agregó finalmente que: “no había día que no hubiese unas veinte réplicas de intensidad de un terremoto ordinario”.

Fuente: La Gran Época, Agencias

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