La forma de vida más antigua de la que se tiene noticia vivió hace más de 3.400 millones de años en el oeste de Australia, en una Tierra en la que aún no había oxígeno. Se trata de una serie de pequeños organismos descubiertos por un grupo de investigadores de las universidades de Western Australia y Oxford en rocas sedimentarias de la región de Pibara. El hallazgo acaba de publicarse en Nature Geoscience.

Los microfósiles fueron hallados en un excelente estado de conservación entre granos de arena ricos en cuarzo. Pibara, donde se encuentran algunas de las formaciones rocosas más antiguas del planeta, es uno de los pocos testimonios que restan de un mundo muy joven y violento, dominado por grandes erupciones volcánicas y colisiones con meteoritos. Los mares, en aquél tiempo remoto, tenían la temperatura de un baño de agua caliente.

Pruebas irrefutables

Ya en 2002, otro grupo de científicos que trabajaba en la misma región, apenas a 20 kilómetros de distancia, dijo haber encontrado bacterias fósiles similares, pero el hallazgo fue muy discutido por numerosos expertos, que no encontraron pruebas suficientes de que se trataba efectivamente de restos orgánicos y no de formas caprichosas propias de los procesos de mineralización de las rocas.

Ahora, por primera vez, los investigadores han aportado pruebas irrefutables que demuestran el origen biológico de sus hallazgos. Se trata de bacterias que tuvieron que vivir en un ambiente que poco o nada se parecía al que conocemos y alimentarse, para sobrevivir, de compuestos derivados del azufre.

Comiendo azufre

“Estos fósiles microscópicos -asegura David Wacey, de la Universidad de Western Australia y autor principal del estudio- proporcionan pruebas convincentes de células y bacterias que vivieron en un mundo sin oxígeno hace más de 3.400 millones de años”.

Algunos de los fósiles encontrados tienen una forma tubular. Otros son esféricos y recuerdan a las modernas colonias de bacterias. Según Wacey, seguramente “se comportaban como los microbios actuales”. También en la actualidad existen numerosas bacterias que se alimentan de azufre. Se trata de extremófilos que viven en su mayor parte en las profundidades oceánicas, al calor de las chimeneas termales que calientan el agua con el calor que se escapa del interior de nuestro planeta.

Fuente: ABC, Agencias

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