El investigador Francisco Javier López ha advertido de que los países que limitan con el océano Ártico libran “una guerra silenciosa para determinar las fronteras”, qué delimitarán, quién extraerá los recursos naturales de la zona tras el deshielo producido por el cambio climático.

Según los datos que maneja el profesor del departamento de Ecología de la Universidad de Málaga en España, “en torno al 20 o al 25 por ciento del petróleo y del gas natural que queda por explotar está en el Ártico”, lo que ha motivado la tensión diplomática.

Sin control internacional

En su afán por trazar un “mapa” que reparta estos recursos energéticos, los países han planteado que “las aguas propias sean las que van desde el borde de su plataforma continental hasta 200 millas” mar adentro, cuando normalmente esta distancia se cuenta desde el litoral.

López explicó que estos países pueden reconocer como territorio propio zonas de su plataforma continental -una de las partes del continente que no llegan a sobresalir del agua- porque “no hay una legislación internacional suficientemente fuerte que se lo impida”.

“Al menos, Noruega y Rusia han llegado a un acuerdo para poner una línea fronteriza entre ellos”, ha recordado antes de señalar que el mayor peligro del “cambio polar” es que provoque “que cambien las corrientes oceánicas” como consecuencia del incremento de la temperatura, ya que definen el clima de las regiones del planeta.

Algas marinas, fuente de vida

El biólogo, que lleva desde 2002 investigando los sistemas polares, ha viajado dos veces al océano Ártico y otras tantas a la Antártida en los dos últimos años. En concreto, ha participado en varias campañas en las que ha estudiado las peculiaridades de las algas marinas que viven en los polos terráqueos, unos organismos que son “la principal entrada de materia orgánica a estos ecosistemas”, los cuales se caracterizan por sus “inviernos largos y los veranos de sol continuo”.

“En esos sistemas es donde se está notando con mayor rapidez y fortaleza el cambio global”, ha indicado, a lo que ha añadido que “con los nuevas evidencias de 2010 sabemos que las peores predicciones – las que hizo en 2004 el Grupo Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC)- se han quedado cortas”.

Fuentes: EFE, Agencias

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