Julio César Centeno
Diciembre 6, 2011

Canadá abrió fuego en Durban al referirse al Protocolo de Kioto como “algo del pasado”

Cuando entró en vigencia el  Protocolo de Kioto, Canadá asumió el compromiso de reducir sus emisiones para el quinquenio 2008-2012 en un 6% en relación con las de 1990. Sin embargo, en la actualidad sus emisiones son 30% superiores a las de 1990. Falsas promesas que, aunque en principio tienen un carácter vinculante, en la práctica carecen de mecanismos para garantizar su cumplimiento.

Canadá tiene un especial interés en socavar el Protocolo de Kioto, único instrumento vinculante del Convenio Marco sobre Cambios Climáticos. Tanto sus corporaciones multinacionales como su gobierno le han asignado una altísima prioridad a la aprobación por parte del gobierno de Estados Unidos de la construcción del oleoducto Keystone XL, el cual atravesaría los Estados Unidos de norte a sur, unos 3000 kilómetros desde la provincia canadiense de Alberta hasta el golfo de México. Este oleoducto permitiría transportar petróleo extra-pesado extraído de las arenas bituminosas de Alberta hasta refinerías localizadas en Houston y Port Arthur, Texas, para su procesamiento y posterior distribución en los Estados Unidos durante décadas.

El proyecto ha sido catalogado como estratégico y prioritario tanto por el gobierno de Canadá como por el lobby petrolero norteamericano. Implica la renuncia definitiva por parte de ambos países a cualquier intento global por reducir las emisiones de carbono y evitar un aumento de temperatura mayor a los 2°C. En la actualidad se encuentra a la espera de aprobación por parte del congreso norteamericano.

Las emisiones totales provenientes de las actividades de minería, extracción y mejoramiento de este tipo de bitumen son 50% superiores a las del petróleo convencional producido en Canadá. La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos advierte: ”Estimamos que las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la explotación de las arenas bituminosas del Canadá serán aproximadamente 82% superiores al promedio de las provenientes del crudo refinado en los Estados Unidos en el ciclo de vida del pozo al tanque de combustible”.

Para el año 2020 se proyectan 100 millones de toneladas anuales en emisiones provenientes de este proyecto. El oleoducto antepone los intereses económicos de empresas petroleras y los intereses políticos en ambos países, a la seguridad y las necesidades de generaciones futuras no sólo de los norteamericanos de ambos países, sino de todo el planeta.  James Hanson, director del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA, señala que si este oleoducto se construye, “será el golpe de gracia al equilibrio climático planetario”.


Estados Unidos también descarta toda posibilidad de incorporarse a las metas del protocolo de Kioto en un posible segundo periodo de compromiso. «Kioto no es una opción para Estados Unidos», sentenció Todd Stern, jefe de la delegación norteamericana. Mientras que Canadá y Estados Unidos se dedican a minar el Protocolo de Kioto, el jefe de la delegación China, Su Wei,  lo define como esencial para el avance de las negociaciones, la piedra angular de un acuerdo global para detener el calentamiento global.  Esta posición es compartida por la gran mayoría de los países en desarrollo.

“Durban no debe convertirse en la tumba del Protocolo de Kioto, sino en el lugar de nacimiento de su segundo período de compromisos”, afirmó Silvia Merega, embajadora de Argentina, en nombre del Grupo de los 77. “El protocolo no solo debe ser preservado, sino fortalecido”. Añadió que debe complementarse con compromisos por parte de los países en desarrollo en la lucha contra el cambio climático.

El portavoz del grupo africano, Seymi Nafo, dijo: “No podemos poner en peligro la vida de millones de personas. No podemos retrasar la firma de un segundo período del Protocolo”. El Grupo Africano aglutina a 54 naciones, los que menos aporta y más sufre el cambio climático.

Las naciones industrializadas que se niegan a asumir compromisos para reducir el calentamiento global “se dan el derecho a seguir envenenando el planeta”, reprochó Daniel Ortega desde Nicaragua. Mientras que el jefe de la delegación de Bolivia, René Orellana, destacaba: “Si se acaba el Protocolo de Kioto se acaba la Convención”.

Brasil igualmente insiste en que el Protocolo de Kioto sea prorrogado hasta 2020. “Si Kioto muere, nunca más se va a conseguir que los países asuman metas obligatorias”, destacó el director de Medio Ambiente de la Cancillería brasileña, André Aranha Correa do Lago. Brasil, que aboga por que las naciones emergentes también asuman compromisos, ha destacado que convirtió en ley nacional su intención de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 38 % para el año 2020.

“Si el Protocolo de Kioto, que expira a finales de 2012, no se renueva en Durban, será un gran desastre para el multilateralismo”, advirtió Correa do Lago. “Si no logramos el segundo periodo de compromiso de Kioto vamos a tener una situación literalmente dramática para las negociaciones multilaterales”.


La Unión Europa (UE) ha propuesto una hoja de ruta para elaborar un nuevo tratado que, firmado en 2015 y aplicado en 2020, obligue no sólo a países desarrollados, sino también a países emergentes como China, India y Brasil. El jefe de la delegación de Brasil calificó la propuesta como “maximalistas en su origen”, mientras defiende el principio de la responsabilidades comunes pero diferenciadas. En su opinión, “por más que países como Brasil, India o China hicieran grandes progresos en el combate de la pobreza, seguimos siendo países en desarrollo.No tiene ningún sentido que tengamos las mismas obligaciones que los países que ya están desarrollados y que además son los principales responsables de las emisiones acumuladas en la atmósfera”.

Los representantes de la Unión Europea insisten en que el mundo necesita un plan mucho más ambicioso para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, un plan que vaya más allá del Protocolo de Kioto.

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