El escritor y filósofo francés Pierre Rabhi, de origen argelino y pionero de la agroecología, falleció este sábado a la edad de 83 años; el autor de «Hacia una sobriedad feliz», un éxito de librerías, falleció como consecuencia de una hemorragia cerebral. Este pionero del neorruralismo se había instalado en 1961 en una granja del sur de Francia, promoviendo el regreso a las tradiciones agrícolas respetuosas del ambiente.

Nacido en 1938 cerca del Sáhara argelino, Pierre Rabhi es una figura destacada del medio ecológico y promovió sin cesar una existencia sobria. Es uno de los pioneros de  la «agroecología», práctica agrícola que pretende regenerar el entorno natural renunciando a los pesticidas y a los fertilizantes químicos.

Agricultura sin veneno

Este método se aplicó a partir de los años 1980 en el África subsahariana, donde realizó numerosas visitas, pero también en Ardèche, en el sureste de Francia, donde se instaló desde 1961, viviendo en una granja con su esposa. El pasado sábado 4 de diciembre murió este gran defensor de la naturaleza, a la edad de 83 años, como consecuencia de una hemorragia cerebral, declaró su hijo Vianney a la AFP.

Rabhi creó el concepto de “oasis en todos los lugares”, gran parte de su vida defendió un modo de sociedad más respetuosa hacia las personas y la tierra, y apoyó el desarrollo de prácticas agrícolas que respetan el ambiente y preservan los recursos naturales, en especial en los países áridos con poco acceso al agua.

Junto a Cyril Dion, autor del documental “Demain” (Mañana) del 2015 -un éxito de taquilla en Francia-, Pierre Rabhi cofundó el movimiento ciudadano Colibris, basado en acciones locales como huertos compartidos, granjas educativas o circuitos cortos de abastecimiento.

(El video tiene subtítulos en español)

El movimiento Neorrural

Nacido en 1938 a las puertas del Sáhara argelino, Rabah Rabhi se confrontó muy temprano entre «la modernidad y la tradición», cuando su padre lo confió a una familia de colonos franceses para que recibiera una mejor educación. Rabah pasó a llamarse entonces “Pierre”.

En 1958 Pierre Rabhi emigra a París. Su primer trabajo lo lleva a cabo en tanto técnico, en una empresa, donde conoce a Michèle, su futura esposa. Ambos quieren huir de la ciudad y dedicarse a la agricultura.

Un encuentro con el doctor Pierre Richard, ecologista que se ocupaba en aquel entonces de la implementación del Parque nacional de Cévennes, al sur de Francia, los anima en su proyecto y la pareja decide instalarse en Ardèche, en 1961, para ocuparse de una granja. En aquel entonces, este proyecto era una decisión original que precedió el movimiento neorrural de fines de los 60, personas urbanas que deciden instalarse en el campo con la idea de un mundo mejor.

Pierre Rabhi buscaba con su granja una alternativa a los modelos agrícolas de la época, y decide desarrollar la agricultura biodinámica junto a la cría de cabras. Un trabajo arduo, de experimentos, no es sino 15 años después que la granja podrá ser autosuficiente.

“Cada uno debe hacer su parte”

Pierre Rabhi, que muchos en Francia lo consideraban como un guró o un profeta de su tiempo, fue una figura admirada en este país, a la manera de un viejo sabio. El monje budista Matthieu Ricard vio en él a un «hermano de conciencia». Fue admirado por personalidades tan diversas como la actriz Marion Cotillard o Nicolas Hulot y ha influido en varias generaciones de activistas medioambientales.

«La agroecología es ahora reconocida, incluso por las Naciones Unidas, como la solución correcta para resolver los problemas alimentarios del mundo», decía este defensor del regreso a la tierra y de la «desalienación», quien dividía su tiempo entre entrevistas, conferencias, la dirección de sus fundaciones y la escritura de libros. Pero el tiempo dedicado a la jardinería era «innegociable», explicaba a la AFP en 2018.

A Pierre Rabhi le encantaba contar la leyenda amerindia de los colibríes, que dio nombre al grupo creado con Cyril Dion. “Un día en la selva hubo un gran incendio. Todos los animales contemplaban el desastre, aterrorizados y angustiados. Sólo el pequeño colibrí se afanaba en recoger con su pico gotas de agua para arrojarlas al fuego. Después de un momento, el armadillo, molesto por esta agitación que le parecía inútil, dijo: «¡Colibrí! ¿Estás loco? ¡No es con estas gotas de agua que apagarás el fuego! El colibrí le respondió: «Lo sé, pero yo estoy poniendo mi granito de arena».

Pierre Rabhi, de este cuento se inspiraba para repetir su máxima: «Cada uno debe hacer su parte».

Fuente: https://www.rfi.fr/, AFP, Agencias


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