Aunque esta actividad se puede entender como la extracción de recursos y materias primas en grandes volúmenes –como el oro–, en el Caribe también se da el extractivismo marino y la extracción petrolera en yacimientos fuera de costa o por extracciones no convencionales, entre otras.

“Estamos pasando de la era de la plantación a la era de los recursos fósiles, el Caribe se convirtió en lugar de experimentación, incluido el golfo de México, donde están el 80 % de las bases petroleras marinas”, advirtió la profesora Catalina Toro en la Cátedra Nacional de Pensamiento Crítico Caribe de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Al respecto, advirtió que es clave ver esas otras formas de extractivismo para adelantarse a las amenazas a los pueblos indígenas, sus lenguas, tradiciones, las acciones que plantean desalojos, guerras, confrontaciones y que se hacen por intereses ajenos a su forma de vida sin incluirlos en las decisiones.

Al referirse al tema, la directora del grupo de investigación Derecho y Política Ambiental de la UNAL habló de “extractivismos históricos que van mudando con las épocas: en los siglos XVI a XVIII se hablaba de grandes economías y plantaciones que sacaban algodón, azúcar y madera; en los siglos XIX y XX hay otro tipo de extractivismo, otras formas de ocupación en el Caribe, como las plantaciones de banano, que van marcando la geopolítica, que generan resistencias, confrontaciones y mantiene el fenómeno de ocupación y despojo de tierras”.

Al hacer el recuento histórico, recordó que uno de los ejemplos de extractivismo más importante fue la remoción de grandes volúmenes de tierra y agua que causaron afectaciones al ecosistema, como el canal de Panamá, que transformó identidades más allá del paisaje y que llevó a desalojo, migración, agotamiento de recursos, contaminación ambiental y abusos, sin una consulta previa a los habitantes locales.

La profesora recalca que en países del Caribe occidental como Guatemala, Nicaragua y Honduras aún se ven modelos de ocupación hegemónica en forma de megaproyectos mineros, en los cuales se ve la profundización del modelo minero en los últimos cinco años que ha crecido cinco veces y afecta a los pueblos indígenas y afro.

En palabras de la doctora Toro, existen diferentes caribes y maneras de verlo, ya que no solo se une en lo geopolítico o las conexiones ambientales, sino en los impactos que sufren por el cambio climático y los modelos de desarrollo extractivistas que siguen amenazando el futuro de los pueblos.

“El Caribe occidental se ha ido mirando desde la historia que se remonta a 1492, con la llegada de los colonos y en la que se construye una historia con pensamientos propios, historias de sus pueblos, de sus relaciones, sus creencias, organizaciones sociales y formas de ver el mundo de pueblos rebeldes. Para algunos el Caribe era visto como sinónimo de las Indias Occidentales, de territorios lejanos, de zonas ribereñas como una jungla, un lugar peligroso donde está el caníbal, como prevención a los indígenas”, dice.

El Caribe es un centro histórico del colonialismo, con estrechas relaciones entre los territorios que parecen mundos distintos por la diversidad de colonos, como españoles, holandeses, franceses o ingleses; sin embargo, hay historias comunes que hacen que converjan esas realidades.

La profesora de la UNAL considera que el Caribe y Centroamérica se han convertido en centros mundiales de extracción de naturaleza, despojo de pueblos y control geoestratégico, pero que el extractivismo no es solo un modo de producción sino una forma de participar en el desarrollo del capitalismo, que permite ver cómo son las relaciones de las periferias y semiperiferias, del mundo desde donde se contribuye a sostener una forma particular económica y social.

Fuente: http://agenciadenoticias.unal.edu.co/, Agencias

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