Las masas de plástico oceánico están proporcionando un hábitat artificial para especies que de otro modo serían costeras, según un nuevo estudio publicado en Nature Communications. Los autores del estudio observaron botellas de agua flotantes, cepillos de dientes viejos y redes de pesca enmarañadas como nuevo telón de fondo de la vida marina.

Existe la posibilidad de que las especies estén evolucionando para adaptarse mejor a la vida en el plástico. Hace una década, los investigadores marinos creían que los organismos costeros, que evolucionaron para vivir a lo largo de costas protegidas, no podrían sobrevivir a un viaje a través del inhóspito océano abierto.

Más problemas ecológicos

Sin embargo, el tsunami de Japón de 2011, que envió a unas 300 especies de vida marina asiática montadas en basura plástica duradera y flotante a las costas de América del Norte, refutó esa suposición. Ahora, los investigadores tienen un término para estos vagabundos: «comunidades neopelagicas», colonias marinas de anémonas, estrellas quebradizas, camarones, percebes y más, que prosperan con el plástico en la Gran Mancha de Basura del Pacífico y se desplazan dondequiera que los lleven las corrientes.

El plástico oceánico está «… creando oportunidades para que la biogeografía de las especies costeras se expanda mucho más allá de lo que creíamos posible», dijo Linsey Haram, investigadora asociada del Centro de Investigación Ambiental Smithsonian y coautora del estudio, en un comunicado.

El concepto de plástico con incrustaciones de organismos puede sonar como la historia de las especies oceánicas que triunfan a pesar de la locura humana. Pero ese no es el caso, explica Juan José Alava, PhD, experto en ecotoxicología y conservación marina de la Universidad de Columbia Británica.

Peligrosa trampa

Además de transportar especies exóticas a hábitats delicados donde pueden volverse invasoras y destructivas, las comunidades neopelagicas son “básicamente una trampa ecológica” dice Alava. Esto se debe a que la gran densidad del plástico en el océano (los investigadores esperan que se acumulen 600 millones de toneladas métricas de basura en el océano para 2040) conduce a la creación de estructuras flotantes permanentes, cubiertas de pequeñas especies que atraen a criaturas que se encuentran más arriba en la cadena alimentaria, como peces, tortugas y mamíferos.

Cuando estas criaturas entran en los remolinos de basura en busca de refugio y comida, corren un alto riesgo de comer y / o quedar atrapadas en el plástico y morir. “Por ejemplo, a menudo las crías de ballenas son muy curiosas, pero esa curiosidad podría llevarlas a enredarse y morir”, dice Alava.

Si bien los científicos han descubierto que algunos tipos de bacterias pueden descomponer los hidrocarburos en el plástico, limpiando así la basura, es poco probable que los tipos de invertebrados que se alimentan por filtración que prosperan en las comunidades neopelagicas tengan ese efecto.

“El informe de la ONU de 2021 después de la COP26 era claro en relación a la escala del rápido aumento de la contaminación plástica está poniendo en riesgo la salud de todos los océanos y mares del mundo”, dice Alava.

Fuente: https://www.theguardian.com, Agencias


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