Teresa Romero, la primera persona infectada del virus del ébola fuera de África, acudió a la concentración que el partido animalista PACMA ha convocado en Madrid en recuerdo de Excálibur, el perro que Teresa y su marido, Javier Limón, tenían cuando ella cayó enferma. Hoy hace un año que el can fue sacrificado por orden sanitaria ante la posibilidad de que pudiera haberse infectado, pero PACMA, como también el matrimonio, hablan de ejecución, al considerar que no había justificación alguna para matar al animal al no haber pruebas de contagio en animales.

No sólo en Madrid. El partido que defiende los derechos de los animales ha convocado concentraciones en numerosas ciudades españolas, incluida Barcelona. Su objetivo es poner en el punto de mira la falta de respeto a la vida animal por parte de los humanos, más ahora que la sociedad española muestra signos de sensibilidad ante la crueldad animal, como se está demostrando con el tema de las corridas de toros y los encierros que cada día suman más adeptos en su contra.

Una injusticia

El Partido Animalista aprovecha esta efemérides para exigir un protocolo alternativo al actual Plan de Contingencia Frente a la Sospecha de Infección por Virus de Ébola en Perros, elaborado por el Ministerio de Agricultura y que condena los animales sospechosos de contacto vírico a la eutanasia.

Para Teresa, que aún se encuentra de reposo por las secuelas que el virus dejó en sus pulmones, Excálibur casi era el hijo que no tiene. Lo dejó bien claro su marido cuando ella estaba ingresada en el hospital y él emitió un comunicado pidiendo ayuda para el can, al que las autoridades sanitarias amenazaban con sacrificar, como finalmente hicieron.

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Una misiva acogida con cierta incredulidad por una parte de la sociedad que no entendía la preocupación de la pareja por un can cuando ella se debatía entre la vida y la muerte y decenas de doctores arriesgaban su vida procurándole atención médica.

Pruebas de afecto que se repitieron en otras ocasiones y que hablaban de dolor y de llanto. Teresa Romero tuvo palabras de afecto hacia el perro el mismo día que salía del hospital rodeada de todo el equipo médico y ante centenares de periodistas. Tristeza por la pérdida del perro y, también, dolor por una decisión que siempre consideró injusta.

Fuente: http://www.lavanguardia.com, Europa Press, Agencias

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