El Partido Animalista Pacma ha pedido que se ponga al sufrimiento animal en el centro del debate político y social abierto en torno a las macrogranjas pues, en su opinión, éste es inherente a todo tipo de ganadería, independientemente de su etiqueta de “intensiva o extensiva”.

“El fin de todos los animales explotados en granjas es el matadero, algo incompatible con su bienestar”, ha subrayado Pacma en un comunicado, en el que ha denunciado que España está “inmiscuida en un proceso de industrialización de la ganadería sin control” y ha criticado que el debate se haya centrado sólo en el impacto ambiental y la calidad de la carne.

Terrible hacinamiento

En 2020 había 87.540 explotaciones ganaderas registradas en España, frente a las 218.110 de 1999, y pese a este descenso se mataron 15 millones de cerdos más y el 95 % provino de grandes explotaciones, según Pacma. “Estos animales sufren grandes niveles de estrés, sobre todo por el hacinamiento y las altas densidades, especialmente en la ganadería porcina y avícola”, ha subrayado el partido animalista, que ha apuntado que estas situación lesiva se reduciría aportando más espacio.

No obstante, como añadir espacio para los animales es más costoso, para evitar que se dañen entre ellos se practican cortes de rabos y picos o limado de colmillo, “mutilaciones realizadas en muchas ocasiones por personal no cualificado”.

Otra de las consecuencias del hacinamiento en granjas industriales es la facilidad de contagio de enfermedades víricas o bacterianas y también habitual la presencia animales con problemas cardíacos, artritis, abscesos o hernias debido a que prima la ganancia de peso en el menor tiempo posible para obtener más beneficio por la carne.

La sociedad desconoce la realidad de los mataderos

Además, la ley permite prácticas contrarias al bienestar animal como la castración de cerdos macho menores de 7 días sin anestesia, la cría de aves en jaulas o el encierro de cerdas reproductoras en estructuras metálicas en las que no pueden ni girarse debido a su reducido tamaño para asegurar gestación y lactancia (mínimo 20-25 semanas al año, la mitad de su vida).

El traslado del ganado al matadero también provoca sufrimiento al animal, que viaja hacinado en vehículos en los que en invierno y verano se alcanzan temperaturas extremas.

“La industria ganadera goza del apoyo de las administraciones, garantizando un hermetismo que impide dar a conocer a la sociedad la realidad que se esconde tras las granjas y mataderos”, ha criticado Pacma, que ha denunciado que sólo se inspeccionan entre el 3 y el 5 % de las explotaciones.

Fuente: https://www.efeverde.com/, Agencias


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