«Es un dato escalofriante: cada tres días muere un buitre», explica Eduardo Navascués, de Ecologistas en Acción, sobre el parque eólico Cavar, un complejo de 32 aerogeneradores situado en Navarra, España, que comenzó a operar en julio y cuyas aspas se han cobrado desde entonces, según los datos del Gobierno de Navarra, la vida de más de un centenar de grandes aves y de rapaces y pájaros de especies protegidas, según divulga el diario Público.

La lista de bajas incluye ochenta buitres, trece murciélagos, diez pequeños pájaros como golondrinas, jilgueros y calandrias y ocho rapaces, la mayoría de ellas de especies protegidas y algunas en peligro de extinción: un milano real, un milano negro, tres cernícalos, un águila calzada, un aguilucho lagunero, un busardo ratonero y un gavilán.

Afectación a la biodiversidad

«Eso sólo es lo que se ha encontrado, ya que otros muchos han podido desaparecer depredados o no se han registrado sus muertes», explica Navascués, cuya organización reclama al Gobierno de Navarra «la paralización inmediata y el desmantelamiento de los molinos que han provocado por lo menos dos muertes de aves en estos ocho meses» y la aplicación de la Ley de Responsabilidad Ambiental para que las empresas de producción y distribución de energía paguen por esos daños en la fauna.

«Ya se sabía que podía provocar una elevada mortandad ¿Cómo puede ubicarse un parque de esa magnitud junto a un parque natural de la importancia que tiene para las aves la reserva de la biosfera de Bardenas?», plantea.

Las elevadas tasas de mortalidad en la avifauna que está provocando el parque eólico de Cavar, un complejo de 111 megavatios de potencia instalada promovido por Iberdrola y Caja Rural de Navarra con una inversión de cien millones de euros, y capaz según la eléctrica de generar el equivalente en energía verde al consumo de 45.000 hogares, suponen un episodio extremo de las afecciones a la biodiversidad y al territorio que están aflorando como consecuencia del despliegue de las renovables, cuyos desmesurados planteamientos están provocando conflictos locales en numerosas zonas del país.

Mala distribución de los molinos

Los daños que el despliegue de la energía eólica está provocando en las aves, especialmente en las de mayor tamaño, tiene su origen en la ubicación de los parques en los principales corredores de viento de las estepas y las sierras, que son las principales vías de tránsito de estas especies.

«Uno de los requisitos para instalar un parque es que haya viento, y las grades aves, por su peso, necesitan corrientes fuertes para poder elevarse», explica Josean Donazar, ornitólogo de la Estación Biológica de Doñana y que lleva años siguiendo la evolución de esas especies en Navarra. Y eso ocurre tanto en las zonas llanas como en las crestas, donde se generan las llamadas «corrientes de ladera», las mismas que utilizan los parapentistas, y que permiten levantar el vuelo a esos pájaros.

«Los parques eólicos son trampas mortales para las grandes aves porque ocupan el espacio que estas necesitan para poder volar», anota. «Estamos ante una nueva burbuja, y en este caso a costa del medio ambiente», añade.

Cerca de 10 mil aves muertas en todo el país

La proliferación de esas infraestructuras, sobre cuyos previsibles efectos para la biodiversidad los científicos llevan meses alertando, se suma a otras amenazas para las aves como «el repunte del uso del veneno y los cambios en la gestión de carroñas, basureros y muladares», que «vuelven a proyectar sombras de incertidumbre sobre el futuro» de los buitres, señala la SEO (Sociedad Española de Ornitología. La lista de especies afectadas incluye a algunas en «acusado descenso» como el milano real y a otras en «periodo de estabilización» tras un «acusado declive» como el cernícalo primilla.

«El número de buitres muertos en parques eólicos de España se acerca a 10.000, y de ellos unos 3.000 en Navarra, desde que hace veinte años comenzaron a recogerse datos», explica Donazar, mientras estudios de la Universidad Miguel Hernández estiman que «cada año mueren en España al menos 700 buitres leonados, y el numero va aumentando».

Los datos de los últimos años «indican que el buitre ha dejado de crecer y que en zonas como Aragón está en retroceso». Esa especie, como ocurre con el águila, es longeva y no soporta una mortalidad elevada. «No se nota mucho en el censo, porque hay muchos ejemplares jóvenes, pero no son reproductores y va a dejarse sentir», apunta. A eso se le añaden las bajas en otras especies catalogadas en peligro de extinción como los alimoches y el milano real, de las que hay documentadas, respectivamente, una decena y alrededor de cuarenta muertes solo en Navarra.

Fuente: https://www.publico.es/, Agencias

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