El FMI y el Banco Mundial prometieron en días pasados incrementar su financiamiento para reducir el impacto del cambio climático, yendo en pos de la meta de 100.000 millones de dólares por año que las naciones ricas prometieron transferir a países en desarrollo para 2020.

«Es el comienzo de lo que se necesita, porque si la comunidad internacional no se arremanga la camisa y se pone a trabajar, esta cosa simplemente es demasiado grande para nosotros», dijo Rachel Kyte, vicepresidenta del Banco Mundial para el cambio climático.

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Endeudamiento climático

Tan solo para el BM, eso significará incrementar un tercio el financiamiento para el clima, poniendo potencialmente a disposición 29.000 millones de dólares anuales adicionales para 2020. Bancos multilaterales de desarrollo más pequeños asiáticos, europeos y africanos prometieron en esencia duplicar su préstamo, dijeron funcionarios de finanzas de Francia. El Banco Africano de Desarrollo indicó que triplicaría su financiamiento dedicado al clima a casi 5.000 millones de dólares anuales para 2020.

Alemania, Francia, Holanda, Estados Unidos, Suecia y Gran Bretaña, entre otros países, han anunciado recientemente aumentos al financiamiento para el clima. Un informe emitido esta semana por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico calculó que se gastaron 62.000 millones de dólares el año pasado, arriba de los 52.000 millones del año previo. Bancos multilaterales de desarrollo representan aproximadamente 40% del total.

Por otra parte un informe presentado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en Lima asegura que los países más industrializados del planeta movilizaron 114.000 millones de dólares entre 2013 y 2014 para financiar acciones de mitigación y adaptación al cambio climático en los países en desarrollo.

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La danza de los miles de millones

El mexicano José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, expuso los alcances del reporte «La financiación del cambio climático en 2013-14 y el objetivo de 100.000 millones de dólares», en el marco de las reuniones anuales de las juntas de gobernadores del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM).

Gurría consideró que los países desarrollados están «en la dirección y en la velocidad correcta» para alcanzar la meta de movilizar 100.000 millones de dólares en 2020, acordada en Cancún durante la decimosexta cumbre de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP16), celebrada en 2010.

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El 70% los flujos financieros estimados entre 2013 y 2014 corresponde a aportes públicos y de entidades bilaterales y multilaterales. El 25 por ciento correspondió a fondos movilizados por iniciativa privada y el 5 por ciento restante a créditos a la exportación.

Más de tres cuartas partes del total de la financiación estimada se destinó a apoyar actividades de atenuación del cambio climático, mientras que una sexta parte se dirigió a acciones de adaptación y un pequeño porcentaje se enfocó en ambos objetivos simultáneamente.

El secretario general de la OCDE afirmó que se trata de unas cifras «congruentes con la tendencia que queríamos ver» y comentó que existe una mayor predisposición por parte de los países, que se muestran «más concienciados de las posibles consecuencias de no actuar al respecto».

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Pero…

La ONG Oxfam calcula que sólo alrededor de 16% del total (o 2.000 millones de dólares) es invertido directamente en ayudar a los países pobres más golpeados por el calentamiento global a enfrentar el calor extremo que ya está ocasionando. «Los países más pobres siguen siendo defraudados», dijo Isabel Kreisler, experta en política climática de Oxfam.

La mayor parte del dinero es canalizado a inversiones en energía renovable para reducir la quema de combustibles fósiles que ocasionan el calentamiento global.

Los ministros de finanzas de las 20 naciones más vulnerables al impacto del cambio climático realizaron su reunión anual en Lima y exhortaron a los países desarrollados a aumentar en 50% el financiamiento para adaptación, lo que incluye todo, desde construir muros de contención al mar y autopistas más resistentes al calor, a reubicar comunidades de tierras bajas donde los niveles del mar están subiendo. Las naciones incluidas son Filipinas, Bangladesh, Costa Rica y países insulares donde viven casi 700 millones de personas.

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¿Y entonces?

Pese a la clara oposición de muchos países y grupos ambientalistas que en 2010 se pronunciaron en contra de que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional administraran el Fondo Verde del clima debido a su papel en la crisis económica mundial, son precisamente estas instituciones financieras las principales intermediarias entre los países ricos y pobres a la hora de manejar unos recursos que de entrada no van a llegar a quienes más lo necesitan.

Es más, la toma de una decisión tan importante se realizó sin mucho debate previo, con la adopción apresurada de los mecanismos de rendición de cuentas y la exclusión de la sociedad civil en las discusiones que culminarían en la aceptación del BM y el FMI como garantes del dinero climático.

Para la creación del Fondo Verde se tomó en cuenta en primer lugar a las empresas multinacionales como principales beneficiarias del dinero a repartir, debido a que las mismas poseen (supuestamente) la tecnología e infraestructura necesarias para ejecutar los proyectos que según los expertos deberán utilizarse para mitigar el cambio climático. En este escenario los gobiernos tendrán que contratar sus servicios quedando las poblaciones afectadas en un segundo plano.

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Este «Fondo Verde» permite además el financiamiento de proyectos de extracción de petróleo, gas y minerales con la excusa poco creíble de evitar el incremento de más de 2ºC «permitiendo un margen para que ciertos tipos de energía sean incluidos en el financiamiento como energías que impiden el calentamiento, aunque no sean realmente limpias».

Otro aspecto interesante es el beneficio que estas instituciones financieras obtendrán por concepto de comisiones e intereses al movilizar más de 29.000 millones de dólares al año, sin hablar del sinnúmero de empresas o fundaciones de fachada ecologista que se beneficiarán de estos recursos. En muchos países -incluyendo Venezuela- el número de ONG’s y empresas con temática ambiental climática se ha disparado considerablemente.

Ahora más que nunca tendremos «medio» ambiente.

Con información de http://www.tm.org.mx, http://lahora.gt, AP, Agencias

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