El mundo se encuentra en una encrucijada, ya que la humanidad intenta mitigar el cambio climático y detener la pérdida de biodiversidad, sin dejar de garantizar el suministro de alimentos para todos. Un estudio reciente publicado en Nature Communications muestra que las demandas globales de productos básicos, especialmente en relación con el desarrollo agrícola, son los principales impulsores del cambio de uso de la tierra en el sur global.

Un cambio de uso de la tierra se define como una conversión permanente o de largo plazo en el tipo de cobertura de un área de tierra, por ejemplo, de uso forestal a uso urbano, cultivos agrícolas o sabana, o viceversa. Los investigadores utilizaron tecnología satelital moderna, ahora capaz de detectar cambios como la deforestación casi en tiempo real, para evaluar las tendencias globales.

Conversión de bosques para la agricultura y la ganadería

Sugieren que los cambios globales en el uso de la tierra pueden estar ocurriendo a un ritmo mucho mayor de lo que se pensaba anteriormente. Los autores encontraron que el 17% de la superficie terrestre de la Tierra ha sufrido cambios al menos una vez desde 1960, lo que equivale a un área del tamaño de Alemania cada año. Durante ese período hubo una pérdida neta de bosques de 0,8 millones de km², mientras que los monocultivos se expandieron en 1 millón de km2 y los pastizales y en 0,9 millones de km². No es de extrañar que la conversión de los bosques para actividades agrícolas haya sido señalada tanto por el Acuerdo de París sobre el cambio climático como por su equivalente de conservación, el Convenio sobre la Diversidad Biológica, como una de las principales causas de la deforestación.

Para detener la destrucción de hábitats naturales, necesitamos incorporar urgentemente nuestro “capital natural” —en este caso, los beneficios ambientales de los bosques y otros ecosistemas clave— en la economía mundial y nacional. La creación y el mantenimiento de bosques, humedales y otros ecosistemas clave deberían ser más rentables desde el punto de vista económico que actividades como los monocultivos, la ganadería, la minería, o la producción de combustibles fósiles, plásticos o cemento. Estas actividades dañan nuestro planeta, pero aún reciben US $ 5 billones en subsidios y otros incentivos económicos cada año, según el reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) “Hacer las paces con la naturaleza”.

Aumento de la deforestación en el sur del planeta

En la práctica, esto significaría que los gobiernos subvencionan directamente a las comunidades locales para mantener los hábitats naturales que las rodean, incluida la prevención de incendios forestales, el uso sostenible de los productos forestales, el turismo ambiental gestionado, por nombrar algunos ejemplos. Esto mantendría a las comunidades locales y las alentaría a preservar los ecosistemas, en lugar de destruirlos para cultivar.

Los incentivos para la restauración forestal ya están dando frutos en China, y el nuevo estudio muestra que la marea de la deforestación está cambiando en la mayor parte de los EEUU, Europa y Australia. Sin embargo, la tendencia en el sur global es la opuesta y su evolución en el tiempo muestra claras conexiones con el comercio mundial y la demanda de productos básicos como la carne de res, la caña de azúcar, la soja, la palma de aceite y el cacao.

Si bien la tasa de cambio de uso de la tierra ha disminuido en el mundo en general desde 2005, la producción y exportación de cultivos básicos se ha expandido en el sur global en ese período. El gráfico anterior del nuevo estudio muestra disminuciones en el cambio de uso de la tierra que se producen durante las recesiones económicas como las de 2007-2009 y también las crisis energéticas de la década de 1970.

Crecimiento a costa de la destrucción de ecosistemas

Existen vínculos claros entre el cambio de uso de la tierra y las demandas del mercado global. A largo plazo, la tendencia general ha sido un aumento de la producción económica asociado principalmente a la destrucción del ambiente. Incluso los momentos de despertar ambiental, como las principales convenciones de 1992, no pudieron detener la destrucción, ya que la población siguió creciendo y el consumo aumentó, haciendo caso omiso de las limitaciones de la frugalidad aprendidas en la Gran Depresión y luego reforzadas por el racionamiento en la Segunda Guerra Mundial.

Como muestra el nuevo estudio, en las últimas décadas el crecimiento económico en el hemisferio norte ha dependido en gran medida de la destrucción de recursos en el mundo en desarrollo. Se necesitará mucho más para revertir la deforestación en el sur global, y los subsidios nacionales y las medidas de conservación no son suficientes. Necesitamos un sistema que realmente contrarreste los mercados globales. La solución radica en cómo cada nación calcula su ingreso total, que hoy en día solo se hace como producto interno bruto o PIB.

La Revisión de Dasgupta sentó las bases para dicha contabilidad de ingresos nacionales de los activos naturales, centrándose principalmente en los servicios de los ecosistemas: polinización natural, suministro de aire y agua limpios, etc. Se puede ir más allá agregando la propia biodiversidad: la extensión de hábitats primitivos o la riqueza de especies y genética, por ejemplo. Si contabilizar estos activos naturales se vuelve una rutina, es posible que el sistema económico global les prestaría tanta atención como al PIB más convencional. Tal medida contribuiría a respetar y conservar la biodiversidad y los ecosistemas del planeta.

De lo contrario, seguiremos socavándolos y agotando la capacidad del planeta para sustentar lo inseparable: el bienestar humano entrelazado y el resto de la vida en la Tierra.

Fuente: Ruben Valbuena and Thomas Lovejoy, The Conversation / https://phys.org/, Agencias

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.