La cabeza y el cuerpo se parecían a los de un perro, pero su pelaje rayado recordaba a un gato. Y llevaba a sus crías en una bolsa, como un canguro. Esta enigmática criatura, un rompecabezas biológico ambulante que habitó en Australia hasta que desapareció durante la tercera década del siglo XX, fue bautizada por los científicos con el nombre de tilacino, lobo marsupial y tigre de Tasmania, pero, ¿qué era en realidad? Científicos de la Universidad de Brown en Providence (Rhode Island, EE.UU.) han elaborado un estudio de los huesos de esta extraña especie y de otros 31 mamíferos y creen tener la repuesta.

La investigación, publicada en la revista Biology Letters, concluye que el nombre más apropiado para el extinto tilacino era probablemente el de Tigre de Tasmania, ya que el animal tenía más de gato que de perro, aunque claramente se tratara de un marsupial.

Gato parece… perro no es

El estudio señala que el animal era un depredador solitario, dado a cazar a sus víctimas con emboscadas. Esta forma de caza separa a los tilacinos de los lobos y de otros cánidos grandes, como los perros que cazan en manadas y generalmente persiguen a sus presas a cierta distancia.

Durante millones de años, el Thylacinus cynocephalus vagó por la Australia continental. Su número se redujo cuando los seres humanos se establecieron en todo el continente, hace unos 40.000 años, y lo hizo aún más cuando el dingo, una criatura pequeña como un perro, se introdujo hace aproximadamente 4.000 años. El último tilacino conocido, llamado «Benjamin», murió en un zoológico de Hobart en 1936.

Los investigadores debaten por qué al tigre de Tasmania le fue tan mal en la Australia continental tras la llegada de los humanos y dingos. La mayoría acepta que la actividad humana perturbó el hábitat del marsupial y quizás también sus fuentes de alimento. Pero hay menos consenso sobre el efecto de los dingos.

La clave está en los huesos

Tradicionalmente, muchos científicos pensaron que los dingos eran algo así como tilacinos con placenta, desarrollados en zonas aisladas, en una especie de evolución convergente. Cuando llegaron a Australia, ayudaron a expulsar a sus “primos”.

Los profesores Borja Figueirido y Christine Janis, coautores del artículo, no creen que ésa sea la historia completa. Los investigadores analizaron el esqueleto del tilacino y lo compararon con los de otras especies como perros, gatos, pumas, panteras, chacales y lobos, así como hienas y demonios de Tasmania, el mayor de los marsupiales carnívoros que viven.

Examinando los huesos, encontraron que el húmero, o hueso del brazo superior, del tilacino era oval y alargado en el extremo más cercano al codo, lo que implica que los huesos del antebrazo, el radio y el cúbito, estaban separados. Eso significa que el tigre de Tasmania habría sido capaz de girar su pata de manera que la palma quedara hacia arriba, como lo hacen los gatos. La porción distal del húmero en animales como el perro, los dingos y lobos, es “más cuadrada y más corta”.

Sin embargo, algunos gatos, como guepardos, utilizan la velocidad para atrapar a su presa, mientras que algunas especies de cánidos, como los zorros, se basan más en la astucia de la emboscada. Janis explica que las tácticas de caza del tilacino parecen ser una combinación única. “Yo no creo que haya nada parecido a esto hoy”, asegura. “Es algo así como un zorro parecido a un gato”.

Fuente: ABC, Agencias

1 COMENTARIO

  1. Era un marsupial y el hecho d que pareciese un felino o un canino no se debia mas que a la Evolución Convergente….
    Es mejor conocido como Lobo de Tasmania
    salu2

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