[dropcap]U[/dropcap]na parte del marfil ilegal obtenido por los cazadores furtivos de elefantes en África termina convertido en figuras religiosas en la católica Filipinas, según una investigación de la revista «National Geografic» citada esta semana en la prensa local.

El marfil ilegal es introducido en el archipiélago a través de las redes de traficantes musulmanes en el sur del país con contactos con los proveedores en países como Zimbabue o Namibia, según el artículo que aparecerá en la edición de octubre de la revista.

Historia de nunca acabar

Aunque la mayor parte se exporta a China una vez llega a Manila, una parte del marfil ilegal se queda en Filipinas donde es esculpido en piezas religiosas, incluida la del Santo Niño o Niño Jesús, la imagen más venerada por los católicos filipinos.

Según el reportaje, el sacerdote católico Cristóbal García, destinado en la isla de Cebú y un conocido coleccionista de Santos Niños de marfil, admitió que la procedencia del marfil es ilegal e incluso aporta consejos para ocultar las figuras en los controles de las aduanas.

Las autoridades filipinas han realizado importantes incautaciones de marfil ilegal, como las 5,4 toneladas decomisadas en 2009 y las 7,7 toneladas apresadas en 2005.

Tráfico oculto

Según la Convención Internacional para la Protección de Especies Amenazadas (CITES), China, Tailandia y Vietnam son los principales mercados donde se vende el marfil, procedente en su mayoría de colmillos de elefantes y cuernos de rinocerontes de países africanos como Nigeria, la República Democrática del Congo o Suráfrica.

Sin embargo, el reportaje de «National Geografic» indica que para los expertos de CITES ha pasado desapercibido el tráfico de una parte del marfil en países como Filipinas, donde centenares de artesanos ofrecen abiertamente sus servicios para tallar cualquier trozo de marfil africano.

Entre 1979 y 1989, hasta que comenzó a ser prohibida o regulada internacionalmente la venta de marfil, fueron sacrificados cerca de 600.000 elefantes africanos, la mitad de la población de esa especie, fundamentalmente por la caza furtiva para obtener marfil.

En algunos lugares de África se ha perdido el 80 % de la población de elefantes, y a pesar de las regulaciones que entraron en vigor no se han podido recuperar respecto al número original.

Fuente: EFE, Agencias

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