Uno de los peores vertidos de petróleo. Casi cinco millones de barriles de crudo se derramaron en el Golfo de México, frente a las costas de Estados Unidos, tras la explosión en una plataforma el 20 de abril. Seis meses después, el trabajo para evaluar el verdadero impacto del desastre en el océano y la vida silvestre recién está comenzando.

«Aunque ahora vayamos al Golfo y no veamos una gran mancha no significa que se hayan acabado los efectos del vertido. Por eso, hemos hecho hincapié en los efectos a largo plazo», le dijo a la BBC Enrique Pardo, científico marino de Oceana, la mayor organización no gubernamental dedicada a la protección de los mares.

«Desde el momento del vertido se han utilizado dispersantes y disolventes sobre el propio crudo. Esto lo que provoca es que visualmente desaparezca la mancha, pero podría ser que haya altos índices de contaminación disuelta». Oceana concluyó este mes una expedición de dos meses para recabar muestras.

Contaminación crónica del Golfo

Se utilizó un robot equipado con dos cámaras de alta definición que puede sumergirse hasta los 1.000 metros. Junto a la Universidad de Miami se hizo un trabajo de marcación de tiburones. Y para estudiar hidrocarburos disueltos mezclados con el pláncton, se usó un procedimiento novedoso, «una especie de membranas que capturan todo lo que hay en el plácton y detectan si existe contaminación».

Los científicos de Oceana también recogieron muestras para estudiar lo que llaman la «contaminación crónica» del Golfo, donde hay más de 3.000 plataformas petroleras.

«El trabajo rutinario genera pequeños vertidos que si los multiplicamos por el número de plataformas, hace que sea una cifra relevante el vertido constante en la zona. Con el robot observamos ecosistemas ricos de corales y otras especies que se están viendo constantemente afectados por este tipo de vertidos», asegura Pardo.

La biodiversidad sigue en peligro

El Departamento de Vida Silvestre y Pesca del estado de Louisiana, LDWF por sus siglas en inglés, está llevando a cabo sus propios estudios a largo plazo. Lousiana fue el estado más afectado por el desastre.

Explican que no están viendo grandes problemas pero en el caso de los vertidos de petróleo estos suelen aparecer 1 o 2 años después, los peces de Louisiana son 100% seguros para su consumo, aseguran. Hasta ahora, el 96% de las aguas destinadas a pesca han sido reabiertas, pero el impacto del vertido en la reproducción de los peces no se conoce.

La mezcla de petróleo y dispersantes es letal para los huevos y las larvas de los peces. En el caso del vertido del Exxon Valdez en Alaska en 1989, el salmón produjo cantidades significativamente menores de huevos y también mostró problemas en la salud y resistencia a enfermedades. Además las poblaciones de arenque colapsaron un año después del desastre y aún no se han recuperado.

En el caso de las aves, cerca de 5.000 fueron recogidas tras el desastre en Louisiana, unas 3.400 de ellas muertas. Del resto, la gran mayoría fue rehabilitada en un proceso muy delicado. Una de las preocupaciones ahora son los «millones de aves migratorias, como patos y gansos que viajan hacia el sur en Estados Unidos y llegan en esta época a Louisiana.

Medir el impacto en los diferentes hábitats es complejo. «Aún hay áreas en que la arena se ha depositado sobre una capa de crudo. Y podría suceder que las redes de pesca que tocan el fondo revuelvan nuevamente el petróleo depositado». En el caso de los peces, hay que esperar por lo menos hasta que en cinco años veamos que las poblaciones están en los niveles que consideramos normales, «Aún tenemos un largo camino por recorrer», indican los expertos.

Fuente: BBC Mundo, Agencias

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