El rugido del león africano se desvanece. Desde tiempos inmemoriales, las planicies del parque nacional de Masai Mara, en Kenia, han sido uno de los hábitats más famosos del mundo para el ‘rey de la selva’.

Ahora, su supervivencia está en peligro debido al duelo que desde hace décadas mantienen el hombre y la vida salvaje.

El uso de veneno por parte de las comunidades pastorales (mayoritariamente la tribu de los masais) ha mermado la población de gatos salvajes de manera importante en los últimos años, situando al león en uno de los puestos prioritarios de la lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y Recursos Naturales.

En opinión del experto Charles Musyoki, científico del Servicio de Vida Salvaje de Kenia (KWS por sus siglas en inglés), el país ha perdido 138 leones debido al envenenamiento en los últimos 10 años, situándose la población actual estimada en 1.970 leones.

No hay bases de datos definitivas, pero los cálculos más certeros estiman que en los años 70 Kenia contaba con una población de 10.000 leones.

Oscuro panorama

Con semejante panorama, al autoridad que vela por la supervivencia de la vida salvaje en Kenia augura que el ‘rey de la selva’ podría desaparecer del mapa en el país en tan solo 20 años si no se toman medidas drásticas, al tiempo que califica el veneno letal usado por las comunidades pastorales como «la amenaza más seria» contra los depredadores de Masai Mara.

Con el fin de preservar el instinto animal, la mayor parte de los parques nacionales kenianos que cobijan leones y otros gatos salvajes no están vallados, dando total libertad de movimiento a los leones, que con frecuencia hacen caso a sus impulsos y atacan al ganado de las comunidades pastorales que viven alrededor de las reservas naturales, presas más fáciles para los leones menos avezados.

Y no hay nada más preciado en la vida de un masai que su ganado, al que defiende con el uso de un veneno barato y de fácil acceso.

En 2004, el ‘veneno rosa’ marcó un trágico precedente. Al menos 187 buitres y varias hienas fallecieron presuntamente a causa de la sustancia tóxica.

Fue el principio de una plaga que está quitando el sueño a los conservacionistas kenianos, que mantienen una dura batalla con la empresa farmacéutica productora, la estadounidense FMC Corporation, que responde, con lógica, que no se hace responsable del «uso indebido» de sus productos por parte de los pastores masais.

Fuente: Diario El Mundo, Agencias

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