El 18 de junio es el Día de la Gastronomía Sostenible, una celebración internacional de las cocinas locales que se producen de maneras respetuosas con el ambiente y, además, generan muy pocos desperdicios. Esa última parte es cada vez más importante. Un informe reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) encontró que el mundo es presa de una epidemia de desperdicio de alimentos. En 2019, los consumidores tiraron casi 1.000 millones de toneladas de alimentos, o 17% de todo lo que compraron.

Eso es profundamente problemático en un mundo donde 690 millones de personas estaban desnutridas en 2019, un número que se espera que aumente drásticamente como consecuencia a de la pandemia. También es malo para el planeta. Alrededor de 10% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la producción de alimentos que finalmente se desechan.

Se desperdician alimentos en países ricos y pobres

“Se desperdicia 17% de todos los alimentos disponibles para el consumo humano, una proporción impactante. Basta con imaginarse 23 millones de camiones de 40 toneladas completamente cargados: si se pegara uno tras otro, podrían rodear la Tierra siete veces. A eso nos referimos. El informe estima que, en 2019, 61% del desperdicio de alimentos fue generado por los hogares, 26% por los servicios alimentarios y 13% por el comercio minorista” afirma Tom Quested, analista de la organización sin fines de lucro WRAP.

Incluso antes de la covid-19, alrededor de 690 millones de personas en el mundo estaban desnutridas. 3.000 millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable. Los alimentos no consumidos son un derroche de energía y recursos que podrían aprovecharse mejor. Reducir el desperdicio de alimentos en el comercio minorista, los servicios alimentarios y los hogares puede brindar beneficios multifacéticos para las personas y el planeta. Hasta ahora, la mayor parte de las oportunidades que puede ofrecer la reducción del desperdicio de alimentos no han sido exploradas ni aprovechadas.

Un hallazgo importante del estudio es que el desperdicio de alimentos per cápita en los hogares es muy similar entre los distintos grupos de países según sus ingresos (como los define el Banco Mundial), lo que sugiere que la acción sobre el desperdicio de alimentos es igualmente relevante en los países de ingresos altos y medianos. Esto rompe significativamente con la narrativa de la década anterior de que el desperdicio de alimentos en el hogar es un problema de los países ricos, y subraya la necesidad de que los países de ingresos medianos evalúen las líneas de base y desarrollen estrategias nacionales de prevención del desperdicio de alimentos. Para brindar apoyo técnico a los países, el PNUMA está lanzando grupos de trabajo regionales sobre el desperdicio de alimentos en las regiones de América Latina y el Caribe, África, Asia occidental y Asia-Pacífico.

Grave impacto ambiental

Sin embargo la mayoría de los gobiernos en todo el mundo aún no han recopilado datos lo suficientemente sólidos como para justificar la acción. En el caso de los datos para rastrear las tendencias en el desperdicio de alimentos a lo largo del tiempo, el problema es aún más grave. Sin embargo, ha habido un número creciente de estimaciones nacionales de desperdicio de alimentos en los últimos años.

Entre las áreas con mayor cobertura de datos se cuentan Europa, América del Norte y Australia y Nueva Zelanda. Por el contrario, África del Norte, Asia Central, Melanesia, Micronesia, Polinesia y el Caribe no tienen estimaciones disponibles. Los datos de los sectores de minoristas y de servicios alimentarios también son mucho más limitados que los de los hogares. Dado que la medición es un paso inicial indispensable para tomar medidas sobre este tema, es necesario priorizarla.

El desperdicio de alimentos genera todos los impactos ambientales de la producción de alimentos (uso intensivo y contaminación de la tierra y los recursos hídricos, exacerbación de la pérdida de biodiversidad, emisiones de gases de efecto invernadero) sin ninguno de los beneficios de alimentar a las personas. El desperdicio de alimentos, por lo tanto, socava el desarrollo sostenible.

¿Qué podemos hacer?

Reducir el desperdicio de alimentos en el hogar es una de las formas más fáciles de reducir el impacto climático a nivel individual. Comemos —y tomamos decisiones sobre los alimentos— al menos tres veces al día. Algunas formas sencillas de comenzar:

Compra solo lo que necesites: revisa tu refrigerador antes de comprar alimentos (o ve agregando a tu carrito de compras en línea los alimentos que te hagan falta) para evitar compras impulsivas. Si puedes, compra alimentos frescos con regularidad y resúrtelos cuando sea necesario, en lugar de tratar de obtener cantidades precisas en una tienda a granel.

Usa lo que compres: obtén el tamaño correcto de las porciones usando una medida de una taza para arroz, cuscús o pasta. Cocina creativamente con las sobras: muchas recetas son lo suficientemente flexibles como para absorber las verduras marchitas en el fondo de tu refrigerador. La mayoría de las sobras pueden usarse en un taco, un sándwich, un curry, una frittata o una salsa para pasta, y transformarse con una salsa o condimento. Los chefs tienen cada vez más en cuenta la prevención del desperdicio de alimentos cuando comparten nuevas recetas. Haz un buen uso de tu congelador: los alimentos pueden congelarse hasta su fecha de caducidad o si todavía se ven apetitosos, en caso de no tener fecha. Cuando regreses a un restaurante, estarás del lado correcto de la historia cuando pidas una porción más pequeña o una bolsa para llevar, así que no dudes en hacerlo.

Los datos sobre el desperdicio de alimentos en relación con la Meta 12.3 se recopilarán utilizando el Cuestionario sobre estadísticas ambientales de la División de Estadística de las Naciones Unidas y el PNUMA. El cuestionario se enviará cada dos años a las Oficinas Nacionales de Estadística y los ministerios de Medio Ambiente, que designarán un único punto focal para el desperdicio de alimentos en el país con el fin de coordinar la recopilación de datos y la presentación de informes.

Los datos se pondrán a disposición del público en la Base de datos mundial de los ODS y en el Informe del índice de desperdicio de alimentos del PNUMA, que se publicará a intervalos regulares hasta 2030. El próximo cuestionario se enviará a los Estados miembros en septiembre de 2022, y los resultados se integrarán en la base de datos mundial de los ODS para febrero de 2023.

Fuente: https://www.unep.org/, Agencias


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