Los Everglades, el mayor humedal de Estados Unidos, afronta el proyecto de restauración ambiental más costoso de la historia con el reto de frenar dos amenazas, la presión humana y el cambio climático, y salvar un santuario natural del que depende el agua que beben 7 millones de personas.

Sus campos inundados y sus bosques de manglares garantizan que el estado de Florida disponga de agua dulce, además de la conservación de ecosistemas únicos, por la combinación climática caribeña y norteamericana, vitales para las aves migratorias y especies en peligro como el puma de Florida.

Recuperación a largo plazo

El veloz crecimiento de la población de Florida -800 personas se mudan a este Estado cada día- y de las infraestructuras llevaron al Congreso estadounidense a declarar los Everglades Parque Nacional en 1947; a ampliar el área protegida hasta los 6.000 kilómetros cuadrados en 1989; y a aprobar el plan de restauración ambiental más caro de la historia en el año 2000: 20 billones de dólares para 69 proyectos a ejecutar en 30 años.

Una red de 2.500 kilómetros de canales y diques, y 125 estructuras para el control del agua la absorben para el consumo humano y, sobre todo, para las plantaciones de azúcar y las 7 plantas de producción de energía que hay en el entorno.

“En ocasiones las estructuras que controlan el flujo de agua permanecen cerradas y el agua no llega a bajar a los ecosistemas; y en otras, se abren inundándolos y contaminándolos con todo tipo de nutrientes de la agricultura”, señala Dawn Shirreffs, gerente del programa de restauración de los Everglades.

Envenenamiento por mercurio

Como resultado de esa contaminación, se han detectado, entre otros muchos daños, altos niveles de mercurio en toda la cadena alimentaria de la flora y fauna, desde el pez más pequeño al caimán más grande; e incluso un ejemplar del casi extinto puma de Florida -el ‘lince’ de los Everglades- ha sido hallado muerto a causa de los altos niveles de mercurio.

Este hecho hace que la clave de la regeneración de los Everglades esté en agua, “y eso significa tres cosas: almacenar durante la estación lluviosa; limpiarla y eliminar las barreras que impiden que ese agua fluya de norte a sur”, asegura Shirreffs.

Esas tres funciones en torno a las que se articulan hoy las decenas de proyectos de restauración que llevan a cabo los gobiernos federal y estatal, en colaboración con científicos y ONGs, “las hacía de forma propia el humedal, pero las barreras y la contaminación impiden ese proceso natural”, apunta Stephen Davis, portavoz de la Fundación Everglades.

Cambio Climático

A esas amenazas se han unido las consecuencias del cambio climático, especialmente la subida del nivel del mar -25 centímetros en los últimos 50 años-, que ha inundado de agua salada los pantanos y acuíferos de los Everglades. Las previsiones apuntan a una subida del nivel del mar de entre 46 y 64 centímetros en los próximos cien años, y los científicos coinciden en que la única solución “es restaurar el flujo de agua dulce”.

Entre las acciones que ejecutan para lograrlo están la compra de tierras a las azucareras; acuerdos con agricultores para que el agua se limpie en sus propias fincas y la devuelvan depurada; o la elevación de casi 18 kilómetros de la carretera que cruza el humedal: Tamiami (une las ciudades Tampa y Miami).

Fuente: EFE, Agencias

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