El presidente de EEUU, Barack Obama, anunció desde la Casa Blanca su rechazo a la construcción del polémico oleoducto Keystone, un proyecto de la empresa canadiense TransCanada muy criticado por organizaciones de defensa del ambiente.

Con su veto al proyecto de la empresa canadiense TransCanada, que habría atravesado Estados Unidos desde Canadá hasta el golfo de México y transportado unos 830.000 barriles diarios de petróleo crudo, Obama busca fortalecer su legado en materia de cambio climático a menos de un mes de la conferencia de la ONU sobre ese problema.

¿Lavado de imagen rumbo a la COP21?

Obama dijo que está de acuerdo con la decisión tomada por su secretario de Estado, John Kerry, cuyo departamento estaba encargado de revisar el proyecto y ha concluido que la construcción de ese oleoducto “no sirve al interés nacional” de EEUU. El oleoducto transportaría unos 830.000 barriles diarios de petróleo crudo sintético y bituminoso diluido desde la provincia canadiense de Alberta a diferentes lugares de EEUU, incluidas refinerías de Texas en el golfo de México, y un centro de distribución en Oklahoma.

El anuncio de Obama se produce dos días después del rechazo de su Gobierno a la petición de TransCanada de suspender la revisión que estaba haciendo el Departamento de Estado sobre el impacto de la posible construcción de ese oleoducto. Según Obama, la construcción del oleoducto no hubiera supuesto una bajada de los precios de la gasolina para los consumidores estadounidenses y recalcó que, de hecho, esos precios han estado cayendo de manera constante durante los últimos años.

El mandatario enfatizó, además, la apuesta de su Gobierno por el fomento de las energías limpias y de una mayor producción nacional de petróleo, y añadió que la aprobación del proyecto Keystone “habría socavado el liderazgo” a nivel mundial de EEUU en la lucha contra el cambio climático.

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Promesa cumplida

El pasado febrero, Obama vetó un proyecto de ley para autorizar la construcción inmediata del oleoducto, pero lo hizo sin pronunciarse sobre los méritos del proyecto, con el argumento de que era necesario permitir que el Departamento de Estado concluyera primero su revisión.

La decisión de Obama supone un triunfo para los grupos defensores del ambiente, que llevaban años manifestándose contra el proyecto porque habría transportado petróleo diluido a partir de arenas bituminosas, un proceso que produce un 17 % más de gases de efecto invernadero que la extracción convencional de crudo.

La organización ambientalista Sierra Club indicó en un comunicado que Obama ha cumplido su promesa de “dejar los combustibles fósiles en el subsuelo, para ser reemplazados por la energía limpia”.

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¿Victoria pírrica?

No obstante, el Departamento de Estado reconoció que el hecho de no construir el oleoducto “no impactará significativamente en el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero”, en palabras de un alto funcionario estadounidense, que pidió no ser identificado.

Eso se debe, en parte, a que la extracción del crudo de las arenas bituminosas canadienses continuará con o sin el proyecto y será transportado a Estados Unidos por vía ferroviaria, como hasta ahora. El efecto ambiental de la decisión de rechazar el proyecto es, por tanto, mayormente simbólico, pero evita la percepción negativa que habría generado a nivel mundial una acción destinada a facilitar el tránsito a Estados Unidos de un crudo altamente contaminante.

TransCanada, que ya ha construido en el sur de Estados Unidos una parte sustancial del oleoducto, anunció hoy que estudiará “todas sus opciones”, incluida la presentación de una nueva solicitud, algo que puede hacer una vez que el sucesor de Obama llegue al poder, en enero de 2017.

Fuente: EFE, Agencias

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