Veintinueve empresas, ONG y representantes de ciudades enviaron esta semana una carta abierta al vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, en la que demandan el fin progresivo de la venta de calderas de combustible fósil, con el objetivo de eliminarlas para el año 2025.

Los firmantes piden a la Comisión Europea que ponga fin, concretamente, a la instalación de nuevas calderas de combustible fósil de menos de 400 kW, para lo que se necesita, argumentan, una eficiencia mínima de calefacción estacional superior al 110%, lo que, según ellos, no se encuentra entre los proyectos de la Comisión.

Una reducción clave

En concreto, las organizaciones ecologistas critican que la propuesta de Bruselas de revisión de la normativa sobre equipos de calefacción y producción de agua caliente en el marco de la Directiva sobre ecodiseño, que se debatirá entre los Estados miembros e integrantes de la industria la próxima semana, permitirá la instalación de nuevas calderas de gas en la UE hasta la década de 2030.

Tal y como explican, la vida útil de una caldera doméstica estándar puede ser de hasta 25 años, por lo que, si se siguen instalando calderas después de 2025, “la mayoría seguirán en funcionamiento más allá de 2050, momento en el que se supone que la UE debe ser neutra en emisiones de carbono”. Además, las instituciones firmantes apuntan que las emisiones de la calefacción de espacios y agua representan una parte importante, el 12 %, del total de emisiones de CO₂ de la UE, lo que equivale a las emisiones de todos los coches de la Unión.

“Si no se aborda este problema, no será posible alcanzar el objetivo de reducción de emisiones de la UE para 2030”, alertan en la misiva. “Proponer una nueva normativa que permita el uso de calderas de gas en los hogares europeos después de 2050 es un comienzo pésimo para un otoño que se avecina intenso en cuanto a iniciativas europeas para la acción climática”, zanjó el director ejecutivo de ECOS, Justin Wilkes.

Ahorro de energía

No obstante, reconocen que las políticas de etiquetado energético y ecodiseño de la UE han permitido “un gran ahorro de energía y de emisiones” desde su aplicación en 1994 y 2015, respectivamente, aunque piden que se introduzca en ellas a los sistemas de calefacción y producción de agua caliente, puesto que “son los que tienen un mayor impacto debido a su intenso uso de la energía y otros impactos ambientales”.

Por ello, recomiendan utilizar como alternativa las bombas de calor aerotérmicas y geotérmicas, cuyo mercado, aseguran, se está expandiendo rápidamente: alrededor de 1,3 millones de hogares compraron una bomba de calor en 2018 (un crecimiento interanual del 12% desde 2015), siendo Francia, Italia y España los responsables de la mitad de todas las ventas en territorio europeo. Suecia, Estonia, Finlandia y Noruega son los países con las mayores tasas de penetración, con más de 25 bombas de calor vendidas por cada mil hogares al año.

Fuente: https://www.efeverde.com/, Agencias


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