“Estamos creando un cóctel tóxico en el océano”… La alerta ha saltado por fin a los titulares, en boca de Sylvia Earle, la oceanógrafa más prestigiosa del mundo. Earle se ha sumado a la alarma creciente en la comunidad científica por el uso y abuso de los dispersantes para “atacar” la mancha de petróleo en el Golfo de México. Desde que arrancó el vertido, se calcula que BP ha usado más un millón y medio de litros del producto conocido como Corexit 9500, prohibido desde hace una década en Gran Bretaña y cuestionado por los daños causados a la fauna marina y a la salud humana durante la “limpieza” del Exxon Valdez.

Greenpeace y Sierra Club fueron las primeras organizaciones en advertir de los riesgos del Corexit 9500. Rick Steiner, biólogo de la Universidad de Alaska, asegura que el primer objetivo del dispersante es “esconder” el daño en la superficie (y evitar en todo caso que la marea negra llegue a las playas). “Por eso estamos viendo menos aves manchadas de petróleo”, asegura Steiner. “Pero el daño a la vida marina es más profundo, y puede tener incluso un mayor impacto a largo plazo”. Los dispersantes –mezclas de disolventes, tensoactivos y otros aditivos que rompen la tensión superficial del crudo- actúan más o menos como los detergentes caseros que “rompen” la grasa y la reducen a pequeñas gotas que se hunden en el agua. Los grupos ecologistas han criticado a BP por recurrir a este método “barato” y nunca probado a grandes profundidades, al tiempo que han denunciado sus conexiones con Nalco, la compañía química que fabrica el Corexit y que está muy vinculada a la industria del petróleo.

Después de un mes haciendo la vista “gorda”, la Administración Obama ha dado esta semana un repentino viraje ante la evidencia cada vez más palpable de los daños causados por el dispersante. Los tripulantes del Pelican, el único barco “oficial” que logrado superar el muro de silencio impuesto por BP, alertaron esta semana sobre la peligrosa concentración de petróleo en las zonas intermedias y en los fondos marinos. La Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) le ha dado a BP de plazo hasta este fin de semana para dejar de usar el Corexit y buscar alternativas menos “tóxicas”. BP ha respondido con evasivas, alegando que el polémico disolvente es biodegradable y está resultando “efectivo”.

El pulso del dispersante está sacando por fin a flote todos los subterfugios usados por BP para mitigar el impacto. “La gente ya no confía en los “expertos” y BP ha perdido toda la credibilidad”, advierte el congresista demócrata Ed Markey, al frente del comité investigador en la Cámara de Representates. “Las deciciones tienen que tomarlas otros, porque está claro que han estado escondiendo las consecuencias reales del vertido”.

Nuevo intento para controlar el vertido

Mañana miércoles, BP pondrá en marcha una nueva técnica, conocida como top kill que consiste en verter lodos pesados y cemento para sellar la fuga. Pero ni el jefe de operaciones, Doug Suttles, está muy esperanzado. Del uno al 10, las posibilidades “son superiores a cinco… quizá un seis, máximo un siete”. Suttles hizo ayer una gira televisiva para intentar explicar lo que está sucediendo cinco semanas después de la tragedia que se cobró 11 vidas y acabó con una plataforma petrolífera hundida y la amenaza de un desastre ecológico sin precedentes.

La opción del top kill no se ha intentado nunca. Es complicada y propia de una película de ciencia ficción: unos robots manejados por computadora deben bajar a más de un kilómetro y medio, donde la visibilidad es nula y el agua está casi helada. “Necesitamos que funcione”, dijo en un mensaje desesperado pero sin convicción. ¿Y si no? “Existen otras opciones”, avanzó Suttles: desde el top hat -reconducir la fuga a través de un tubo que arroje el petróleo a la superficie donde el carguero Enterprise lo recogería- hasta el junk shot o inyección de detritos para tapar la rotura y forzar la puesta en marcha de la válvula de sellado que no funcionó en su momento.

Admitiendo que era consciente de la frustración entre los ciudadanos, Suttles sólo acertó a decir: “Somos una de las mayores compañías internacionales. Tenemos los mejores instrumentos. No creo que nadie sea capaz de hacerlo mejor”.
Mientras tanto Ken Salazar, Secretario del Interior norteamericano aseguró que ““Si descubrimos que no están haciendo lo que deberían, los presionaremos para que se aparten” y agregó: “”Estoy enfadado y frustrado. Treinta y tres días después de iniciadas las operaciones de contención, ha fracasado en todas las fechas”.

En la bahía de Barataria, en la costa de Luisiana, ya hay evidencia de la contaminación producida por la catástrofe de la plataforma petrolífera de BP.

Más de 500 millones de dólares en pérdidas

La petrolera British Petroleum (BP) ha informado hoy de que el coste para intentar contener el vertido de petróleo en el golfo de México asciende ya a unos 600 millones de dólares. La empresa británica ha indicado que solo en la última semana el monto ascendió a unos 220 millones, pero precisó que es aún prematuro para establecer el gasto final.

BP ha aceptado hacerse cargo de los gastos de la limpieza del golfo de México, además de pagar una indemnización de 75 millones de dólares por el vertido que provocó la explosión y posterior hundimiento de su plataforma. La petrolera británica ha reconocido asimismo que la marea negra que se extiende hasta las costas estadounidenses es “una catástrofe”.

El director de gestión de British Petroleum Robert Dudley, por su parte, ha asegurado en una entrevista con la cadena CNN que BP está haciendo todo lo posible para tapar la fuga por la que, según la compañía, salen unos 5.000 barriles de petróleo al día, mientras que otros cálculos apuntan a entre 25.000 y 95.000 barriles diarios.

BP “Subestimó el derrame”

Un reconocido científico estadounidense afirma que el derrame de crudo en el Golfo de México es mucho mayor a lo que ha informado la empresa British Petroleum (BP). En entrevista con la BBC, el profesor Steven Wereley, de la Universidad Purdue (Indiana, EE.UU.), indicó que el derrame asciende a 70.000 barriles diarios de petróleo, a diferencia de los 5.000 barriles diarios que reconoce la compañía británica. “No sé si BP se cree esa cifra, pero mientras sea así, sus esfuerzos para detener el derrame no van a tener éxito”, dijo Wereley. BP afirma que está trabajando diariamente para detener el derrame después de varios intentos fallidos. No obstante, a su último plan la propia empresa afirma que sólo tiene un máximo de 70% de posibilidades de éxito.

Wereley basó sus cálculos en la observación de un vídeo proporcionado por la petrolera británica donde se observa el flujo del derrame en la profundidad del Golfo de México. “Lo único que puedo decir es que yo intenté llegar al mejor número que pude. Espero que sea empleado por los que están trabajado para capturar el crudo”, agregó Wereley. Pero no sólo este académico es quien cuestiona la cifra proporcionada por BP. El gobierno estadounidense también lo ha puesto en duda y, de hecho, ya advirtió esta semana con asumir las tareas de contención si no se logra hacer lo necesario. Según el científico, la principal lección que dejó el accidente de la plataforma Deepwater Horizon es que aunque las compañías han avanzado mucho en la extracción a grandes profundidades, no han desarrollado tecnologías para detener derrames.

Fuentes: BBC Mundo, AFP. Reuters, El País, El Mundo, EFE

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