¿Dónde se tira este trozo de papel? ¿por qué están en peligro de extinción las dendrobates? ¿Cómo se recuperan los terrenos abandonados? Están son algunas de las cuestiones que los jóvenes que acudieron al Día Internacional de Educación Ambiental, que se celebró el pasado 26 de enero en Costa Rica, por iniciativa de la Fundación Guachipelín y la Federación Interrnacional Ambientalista de este país, pudieron responder gracias a los talleres que se organizaron para el evento.

La jornada comenzó a las ocho de la mañana con el discurso de los presidentes que recalcaron la importancia del respeto y la conservación del Medio Ambiente.

“Se nos acaban los recursos naturales y no tenemos otro planeta, para esto necesitamos un cambio de actitud en los niños, niñas, adolecentes y adultos y en eso consiste la educación ambiental, en lo que podemos hacer para conservarlo” explicó Fresia Salazar, presidenta de la Federación Internacional Ambientalista de Costa Rica, ante los atentos ojos de los allí presentes.

Fue Ramón Hernández, presidente de la Fundación Guachipelín, quien, primero, les dejó ya completamente descolocados al hacerles caer en cuenta que cualquier acción se hace dos veces, una en la cabeza, cuando se piensa, y otra al realizarla, con el objeto de imprimirles mayor conciencia moral a la hora de interactuar con la naturaleza.

Posteriormente se desarrollaron los talleres de reciclaje, recursos hídricos, anfibios, reforestación y el gran rally donde se pusieron a prueba los conocimientos adquiridos. El taller de reciclaje fue uno de los más teóricos y los jóvenes dieron rienda suelta a todas sus inquietudes y preguntas. Se procedió a la división de los diferentes residuos y se explicó la importancia del reciclaje y de contribuir a ello.

Pocos conocían dónde colocar cada residuo pero pronto empezaron a elevar la voz y a gritar todos al unísono dónde se debía colocar cada uno de los productos presentados. Tras la teoría acudieron a las instalaciones de la Fundación Guachipelín para visitar los criaderos de dendrobates.

Tras preguntar cómo se criaban las dendrobates y las explicaciones pertinentes, los chavales disfrutaron con la visión de los renacuajos creciendo sanos y fuertes.

Las explicaciones sobre la importancia del agua corrieron a cargo de un trabajador del Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo (SINAC), también se difundió entre los asistentes la importancia de comenzar a criar especies autóctonas para autoconsumo y más, cuando el sabor del guapote, por ejemplo, es un auténtico manjar. De hecho, las explicaciones siempre estuvieron dirigidas a conservar el hábitat de los peces.

Los invernaderos de la Fundación Guachipelín pasaron en ese punto del día a ser los protagonistas, los asistentes disfrutaron con las labores de reforestación que dejaron mucho más poblada la escuela de La Paz de San Rafael de Guatuso. De hecho, desde el punto de vista institucional, la jornada estuvo apoyada por la vicealcaldesa de la localidad Doña Guiselle Piedra.

Ante tanta actividad los estómagos empezaron a reclamar comida y se sirvió un refrigerio entre los asistentes. No hubo tiempo para el café y la copa ya que pronto comenzó el gran rally por la educación ambiental. Se dispusieron tres puestos con las temáticas explicadas durante la mañana. En cada uno de ellos se tenían que responder una serie de preguntas que los participantes respondieron en todos los casos de manera acertada.

Las actividades consistieron en realizar figuras en función de una serie de imágenes proyectadas, clasificación de residuos y el juego de los peces donde cada joven simulaba ser uno de ellos e intentaba escapar a un refugio seguro. 
Posteriormente se nombró a cada uno de los participantes que asistió capitán del próximo equipo de reforestadores de la zona. De esta forma, la actividad iniciada el 26 de enero se perpetuará en las escuelas del Cantón de Guatuso en Costa Rica.


La jornada fue todo un éxito y contribuyó a cumplir con la carta de Belgrado del 26 de enero de 1975, donde se señaló esa fecha como Día Mundial de la Educación ambiental y cuyas conclusiones llaman a la civilización a “formar una población mundial consciente y preocupada con el medio ambiente y con los problemas asociados, y que tenga conocimiento, aptitud, actitud, motivación y compromiso para trabajar individual y colectivamente en la búsqueda de soluciones para los problemas existentes y para prevenir nuevos”. Ambas fundaciones pusieron su granito de arena en contribuir a esta excelente meta.

Fuente: Alejandra Ramón / Fundación Guachipelín

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