Japón comienza a asumir que el riesgo de contaminación de los productos marinos en el área de la central de Fukushima ha llegado al corazón de las tradiciones culinarias locales, hasta el punto de obligar al país que ha dado a conocer el sushi al resto del mundo a cambiar sus hábitos alimenticios.

“Estoy de mal humor todo el día”, reconoce, con una mueca irónica, un mayorista en el mercado de pescado de Tsukiji (Tokio), el mayor del mundo en su género. En estos últimos días, las malas noticias se acumulan y los comerciantes temen que sus compatriotas abandonen el consumo de pescado y marisco, una dieta que se sigue en el archipiélago desde hace siglos.

Anguila de arena con niveles altos de radiación

Los residuos radiactivos propagados a la atmósfera ya han sido detectados en varios tipos de vegetales, hongos e, incluso en la leche. Por el momento, sólo una especie de pez, la anguila de arena o ‘konago’, ha presentado niveles anormalmente altos de radioactividad, según las autoridades.

Estos pequeños peces han sido capturados frente a la prefectura de Ibaraki, entre la zona central del país y el área de Tokio. Masayoshi Yamamoto, profesor de radiología en la Universidad de Kanazawa, ha señalado que “el mayor problema es la alta concentración de cesio en las costas donde se vierte agua contaminada”.

Según este experto, “los peces pequeños que viven cerca de la costa, como la sardina, la caballa y el marisco, pueden absorber dichas sustancias radioactivas. Y también se depositan en el fondo del mar, donde los peces encuentran su alimento”.


Cambio de hábitos alimenticios

La realidad es que los restaurantes especializados en sushi temen por su actividad. Una preocupación que tiene una doble vertiente: la derivada del abastecimiento de materia prima y la que tiene que ver con el impacto de la catástrofe en los hábitos de consumo de la población.

“Si la situación empeora, no sabemos que vamos a hacer”, ha reconocido el propietario de una cadena de restaurantes de sushi de la capital, donde el número de comensales se ha reducido en un tercio desde el terremoto. “Si la situación persiste, podría dar lugar a un cambio en los hábitos alimenticios de los japoneses”.

La recuperación de la confianza y de la calidad de los alimentos no parece fácil. Los pescadores piensan en alejarse de la costa del Pacífico para trabajar. pero en el ánimo general está que las capturas no serán tan apreciadas por el paladar nipón.

Fuente: Diario El Mundo, Agencias

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