Un equipo de investigadores ha alertado de la necesidad de crear áreas protegidas o santuarios para el salmón atlántico (Salmo salmo), que preserven a sus poblaciones ante el aumento de la temperatura del agua provocada por el cambio climático.

En un artículo que publica la revista Journal of Fish Biology, el equipo de científicos, asegura que “existen indicios significativos que apuntan que la temperatura de la superficie del mar condiciona la variabilidad genética” de esta especie del norte de España y podría poner en peligro crítico su supervivencia.

Delicado equilibrio en riesgo

El salmón, indica el estudio, es una especie con un rango de distribución muy amplio cuya estructura genética está fuertemente influida por su vida anádroma -viven en el mar pero remontan los ríos para reproducirse- y por el instinto que les hace regresar a su hábitat natal.

Los especialistas abogan por un “cuidadoso y coordinado” control de las poblaciones para que la especie mantenga su número y diversidad en Europa, y dado que lo más previsible es que la distribución de la especie se reduzca a las áreas del norte, estas zonas “deberían ser reconocidas como refugios con la protección y estatus apropiados”.

La extensa distribución geográfica -América del norte, Islandia, Europa atlántica y Rusia noroccidental- y su rango de tolerancia térmica -de 0 a 33 grados centígrados- le convierten en un modelo para comprobar los efectos de los cambios de temperatura en la variabilidad genética.

Cambios en la temperatura

El estudio se realizó sobre 3.730 salmones en 57 ríos repartidos por todo el arco atlántico y se recopilaron datos de temperatura de la superficie marina desde el norte de España hasta el norte del Reino Unido, que mostraron la existencia de cuatro áreas, el norte de España, norte de Francia, sur y suroeste de Inglaterra y Gales y regiones más al norte de este punto.

La investigación concluyó que las diferencias genéticas son mucho más marcadas entre las poblaciones que habitan en distintas áreas de temperatura, “con un flujo genético mayor en el interior de cada área que entre las distintas áreas”. Los datos obtenidos refuerzan la hipótesis de que las diferencias en la temperatura del agua oceánica se corresponden con la distribución genética de las poblaciones de esta especie.

Fuente: EFE, Agencias

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