Diez meses después que el vertido de BP en el Golfo de México arruinara el cultivo de ostras en la costa de Luisiana, los cotizados mariscos empiezan a reaparecer en los menús de los restaurantes de Nueva Orleans, informó CNN.

Luisiana, que concentra el 40 por ciento de la producción de ostras en EEUU, a evitado su consumo debido a los temores de contaminación de la industria y a la falta de confianza de los propios restauradores en la rentabilidad del negocio.

De naturaleza delicada

Mientras que las gambas o camarones volvieron a los menús de la zona tres meses después de producirse el accidente que liberó al mar 4,9 millones de barriles de petróleo, las ostras, de naturaleza más delicada, han permanecido apartadas de la economía de la zona.

Una de las razones está en el plan con el que estado de Luisiana trataba de mantener el petróleo alejado de sus costas, mediante la inyección de agua dulce en sus ríos y estuarios. Esa operación acabó con muchas ostras, que necesitan una mezcla de agua dulce y salada para crecer, mientras que otras presentaban restos de petróleo incrustados en su tejido.

Desconfianza

Pese a que la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA, por sus siglas en inglés) y la Agencia de Alimentos y Medicamentos de EEUU aseguran que cualquier marisco del Golfo comercializado ahora en tiendas o restaurantes es seguro, la desconfianza sigue patente en la zona.

A los consumidores que siguen pensando que el pescado del Golfo no es seguro se unen los científicos que dudan de los métodos empleados por el Gobierno para garantizar la salubridad del producto, que, según aseguran, no incluyen pruebas suficientes para localizar contaminantes.

Otros recuerdan que aún quedan debates a largo plazo, como el del efecto del vertido en la capacidad de reproducción del pescado y el marisco en los próximos años.

Después del vertido, se cerraron temporalmente a la pesca más de 229.000 kilómetros cuadrados de aguas del Golfo de México, lo que causó una cascada de demandas de pescadores y mariscadores, muchos de los cuales esperan aún hoy recibir compensación por el negocio perdido. Hoy, permanecen cerrados a la pesca 2.697 kilómetros cuadrados de aguas federales, según la NOAA.

Fuente: CNN, EFE

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