[dropcap]U[/dropcap]na intensa oleada de sequía y temperaturas oscilantes entre 40 y 45 grados centígrados provocó la muerte por deshidratación de unos 20 mil animales y la desaparición de especies silvestres en el departamento colombiano de Casanare.

Las imágenes muestran un panorama desolador con vastas planicies de tierra desértica, asolada, a raíz de una crisis climática que expertos atribuyen a la deforestación, la explotación minera y la ganadería extensiva, que ha cambiado el curso de los ríos, desecado sus cauces y contaminado las reservas hídricas.

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Responsabilidad humana

El resultado es un desastre ambiental de grandes proporciones, de tan grave impacto que las autoridades departamentales están pensando declarar la emergencia ambiental, en virtud de la cual se destinarían recursos estatales a la perforación de pozos profundos a mediano plazo con equipos de bombeo para el abastecimiento de agua.

La sequía y las altas temperaturas, perdurables desde hace cuatro meses, ha exterminado peces, venados, zorros, tortugas, chigüires (un roedor considerado el de de mayor tamaño y peso del mundo) y el ganado vacuno, entre otros animales que han muerto por manadas, obligados a recorrer interminables trayectos en pos de una fuente de agua inexistente o cada vez más esquiva.

La exministra de Medioambiente Adriana Soto, experta en adaptación al cambio climático, vaticinó que habrá más sequías y lluvias extremas y solo las regiones que tengan en mejor estado sus coberturas naturales (bosques y selvas, entre otras) podrán resistir esos impactos.

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Extinción de la fauna

Estamos apostándole mal al tema, dijo a la revista Semana, porque las actividades agrícolas cifran sus demandas en un terreno limpio de árboles como lo más productivo, pero “las autoridades de nuestro país se tienen que dar cuenta que la deforestación va en contra de esa misma productividad”, argumentó.

Según el especialista Manuel Rodríguez, en el Casanare se han drenado los humedales para garantizarle un mayor terreno a la agricultura, y es perceptible, además, la incidencia de la explotación petrolera, cuya solución no es regularla sino determinar si se suspenden la extracción de ese mineral y las licencias sin medida a las grandes transnacionales.

Por el momento, la fauna sigue extinguiéndose paulatinamente en el Casanere, sin que se avizore una solución en el horizonte, opinan ambientalistas. El asesor de fauna silvestre de la Corporación Autónoma Regional de la Orinaquía, en la cordillera oriental de los Andes colombianos, Ricardo Combriza, señala que la zona afectada es de 300 mil hectáreas y los daños ambientales incalculables.

Fuente: Prensa Latina Agencias

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